Santoña

Culto a la anchoa en una villa monumental

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Santoña y su sorprendente bahía se han convertido en la capital mundial de la anchoa. Su elaboración artesanal resulta un reclamo para todos los viajeros que arriban a esta localidad cántabra embriagados por los encantos de la costa. Además de ser la ‘casa’ de las anchoas, aquí el mar es lugar de regatas, donde las embarcaciones llegadas desde todos los puntos del Cantábrico luchan con gallardía por hacerse con la preciada Bandera de Santoña. Su privilegiada situación geográfica resultó un jugoso caramelo para las tropas francesas, que incluso dejaron una huella para la posteridad en forma del Fuerte de Napoleón, que como buen militar no dudó en batallar por hacerse con el control del Monte Buciero.

El patrimonio monumental, con sus palacios, el del duque de la Ensenada y el de los marqueses de Chiloeches, y las pinturas flamencas que guardan las paredes de la iglesia de Santa María del Puerto, se aúnan con el bello paraje que forma el parque natural de las Marismas de Santoña, lugar predilecto para las aves de territorio vikingo que llegan a Cantabria en busca de inviernos más cálidos y apacibles hasta que regresen a su hogar. Santoña le debe todo al mar y así se lo hace saber durante la celebración de la procesión de la Virgen del Puerto, que tuvo el honor de hacer las Américas acompañando en tal aventura al ilustre cartógrafo Juan de la Cosa, natural de ésta tierra.

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