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Tajueco

Cerámica roja y olor a resina

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Acomodado junto al Duero, Tajueco atrae, primero, por su fragancia. El aroma a resina que despiden sus pinos –la producción resinera fue una de las actividades más boyantes en el pasado de este pueblo- sigue recibiendo al viajero a poco que se acerque a sus confines. Tiene una preciosa plaza porticada, presidida por su níveo ayuntamiento y donde, cada primero de noviembre, se celebra una sobrecogedora tradición en la que los lugareños se apostan en las esquinas portando farolillos y cantando a las ánimas. No menos sobrecogedora es la iglesia de San Pedro Apóstol, que aúna los estilos románico y gótico. La ermita del Santo Cristo completa los atributos de este pueblo con gran tradición alfarera: la calidad de su cerámica elaborada con tierra roja de la zona (botijos, cazuelas, jarras y pucheros) no debe pasar inadvertida para el visitante.

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