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Trasmiras

Trasmiras, un refugio para la vida natural

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Cuando a partir de 1959 el Instituto Español de Colonización empezó a desecar los 42 kilómetros cuadrados que medía la Laguna de Antela, muchas de las especies que tenían en ella su morada buscaron refugio en la contigua Veiga do Limia, la ribera del río que da nombre a la comarca. Hoy este espacio de gran valor biológico es un espacio natural inventariado y amparado por el Gobierno gallego y en su mayor parte pertenece al municipio de Trasmiras. Es un área encharcada que suplió el hábitat del que aves, mamíferos y especies acuáticas fueron expulsados tras completarse el proyecto de tiempos de Franco, en los años sesenta.

Trasmiras tiene en esta vega rica en vegetación de 1.400 hectáreas (compartidas también con el Ayuntamiento de Xinzo) su mayor tesoro. La Veiga corre por el noroeste, y la vida natural del resto del municipio depende de las cuencas de otros dos ríos importantes, el Faramontaos y el Trasmiras, del que toma el nombre esta tierra. Entre unos y otros, aquí y allá, surge el románico rural, representado en un buen número de templos parroquiales. Ejemplos de ello hay, sobre todo, en Zos, con la genuina iglesia de Santa María, en Abavides, con la de San Martiño, en Vilar de Lebres, con San Salvador; y en la propia localidad de Trasmiras, con la parroquia de San Xoán.

En Santa Mariña de Escornabois (una aldea de curioso topónimo, porque en gallego escornabois significa ciervo volante) sobresale el conjunto formado por un cruceiro y un peto das ánimas. El “peto” es una especie de limosnero-altar labrado en piedra, tan típicamente gallego, que hace siglos se construía junto a las iglesias o en los caminos para pedir por las almas de los difuntos.

En el alto de la ermita de Viladerrei aguarda una gran panorámica de la comarca de A Limia, y en Vilaseca existe un área recreativa con piscinas, camping, pistas polideportivas y aeródromo de ultraligeros.

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