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Vinebre

Vistas al Ebro desde un remoto fortín ibérico

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Este pequeño y encantador pueblo, repleto de alicientes culturales, descansa en la margen izquierda del Ebro, del que tiene unas vistas inigualables. Desde el mirador de la Ermita de Sant Miquel, a primera hora de la mañana, se observan las aguas tranquilas del río teñidas por una tenue neblina. A esa hora temprana la ermita románica resplandece y muestra su historia casi milenaria de cuando fue erigida por los caballeros templarios y reconstruida por los cartujanos de Scala Dei en 1680. Muy cerca se halla la gran joya del municipio, el yacimiento ibérico de Sant Miquel, uno de los puntos más antiguos del municipio, del siglo II aC., aunque no el único. Se cree que fue una especie de fortín de grandes dimensiones que tenía como función el control de una parte del río. En el yacimiento se han encontrado cerámica hecha a mano, pesas de telar y terracotas.

En cuanto al núcleo del municipio, se puede visitar la casa natal y museo de Sant Enric d’Ossó, hijo de Vinebre y fundador de la compañía de Santa Teresa de Jesús. El edificio y los utensilios que se conservan son importantes para conocer cómo se vivía dos siglos atrás. El centro de Vinebre está en la Plaça del Rei, donde se encuentra la iglesia, y en la Plaça de la Constitució, en la que destaca un singular y gran palacio renacentista con fachada barroca y un bello patio interior porticado. El edificio es el resultado de varias intervenciones en épocas diferentes, con una fase importante que se llevó a cabo a comienzos del siglo XVIII. Otros lugares destacados del núcleo urbano son el Colegio de las Teresianas, obra de 1904 del arquitecto modernista Bernat Martorell, discípulo de Gaudí, y el Casino, edificio de estilo colonial.

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