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Cova de Can Marçà

Sant Joan de Labritja, Balears/Islas Baleares

Entre los recovecos de los acantilados ibicencos nos adentramos en silencio y a oscuras en las profundidades de la Tierra. Somos un grupo de espeleólogos que queremos estudiar Cova de Can Marçà en Sant Joan de Labritja, Ibiza. Cuanto más avanzamos más desaparece la poca luz del exterior que iluminaba nuestros pasos. Alumbrados únicamente por nuestras linternas, podemos ver las extrañas esculturas espeleotemas (estalactitas, estalagmitas, columnas…) formadas por la erosión del agua en la piedra. Suenan las gritos ilusionados de un compañero, tan contento como si hubiera encontrado algún tesoro escondido por los contrabandistas y casi fue así. Eran huesos fosilizados de animales de hace miles y miles de años. ¡Todo un descubrimiento! Habiendo avanzado ya unos metros llegamos a una parte de la cueva con una cascada, un lugar impresionante que nos sorprendió muy gratamente. Más adelante vemos marcas rojas y negras en la pared y siguiéndolas comprobamos que nos llevan hasta la salida. “Son señales, hechas por los contrabandistas para marcar el camino directo hacia una salida de 'emergencia', para huir en caso de ser descubiertos”, explicó otro compañero. Al salir llegamos a un mirador donde, satisfechos y orgullosos por habernos sumergido en las profundidades de Ibiza, disfrutamos con la asombrosa vista de Port de Sant Miquel y sus acantilados asomados al Mediterráneo.

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