Nieve

Nuevos retos deportivos sobre la nieve

Desde el snowboard acrobático al heliski, las pistas españolas cuentan con una gran oferta de actividades pensadas y preparadas para hacernos subir la adrenalina en invierno. Cuando el esquí se nos queda pequeño o cuando la vida diaria nos reclama urgentemente vivir emociones fuertes, nada mejor que lanzarse a los deportes de nieve más arriesgados.

Hoy no puede entenderse una pista de esquí sin un buen número de surferos (los que practican el snowboard) sobre la nieve. Pero más allá de demostrar equilibrio y resistencia, este deporte se presta especialmente a poner en práctica cualidades acrobáticas. Si somos aficionados a ello,  nos sentiremos  como en casa en alguno de los snowparks, similares a los que hay en las ciudad para los practicantes del skate, que son ya elemento indispensable en muchas de las principales estaciones del país. El de Alabaus, en La Molina es un lugar de peregrinación entre los amantes de las emociones fuertes sobre una tabla, su super-pipe de 170 metros de largo y una anchura interior de 14 metros es, sin duda, el rey de la corona.

Estación de esquí de Formigal.
Estación de esquí de Formigal.

 

La estación de Sierra Nevada también se ha puesto las pilas de cara a los aficionados a esta electrizante disciplina. Su Superpark Sulayr incluye un enorme half-pipe de 165 metros de longitud, complementado con líneas de diferentes niveles, barandillas, rampas y módulos de toda índole. Otras opciones para el snowboarder más saltarín serían Cerler y, ya en Andorra, Vallnord donde la pista de Arisnal goza de muy buena reputación entre los esquiadores más experimentados.  

Para bajar a toda velocidad y saltos

Una variante del snowboard acrobático es el llamado boardercross. Aunque no excluye a quienes prefieren dos tablas bajo sus pies (en ese caso, se llama skicross), se trata de una disciplina de estilo libre en la que el descenso a toda velocidad se combina con un trazado bacheado y peraltado, que obliga a añadir saltos y acrobacias a la lista de habilidades del esquiador. Cerler cuenta con uno en su pista Basibé, en la que puede atreverse cualquier valiente habituado a circular por pistas azules de nivel avanzado. También Sierra Nevada tiene una pista destinada el skicross que exige un nivel mínimo de esquí “D”.

Estación de esquí de Cerler.
Estación de esquí de Cerler.

 

Para surcar la nieve virgen

Si somos de los que disfrutamos a lo grande esquiando sobre nieve virgen, estamos de enhorabuena, porque varias estaciones ofrecen la posibilidad de acceder a zonas especialmente dedicadas al freeride. Es el caso de Vallnord, que cuenta incluso con una escuela de esta modalidad en Arcalís. Además, los más osados pueden vivir una heliexperience: encaramarse a un helicóptero que les llevará a un pico cercano, y lanzarse sobre la nieve inmaculada para descender por una zona sin balizar, atravesar terrenos salvajes. Otra buena opción para los que se animen con el heliski Val d’Aran, donde empresas como Pyrinees Heliski ofrecen la posibilidad de surcar las nieves vírgenes del valle mientras se disfruta de su abrumador paisaje.

Para desafiar al crono

Y para poner a prueba nuestras habilidades sobre la nieve, nada como probar el CronoSlalom de Cerler, (pista Farnuserals), donde se emula un entorno de competición gracias a un trazado desafiante, puertas que sortear y un cronómetro que medirá lo bien, o no tan bien, que se desenvuelve uno sobre la pista. También Vallnord, en su pista de Poselletes, monta a diario un trazado de slalom destinado a esquiadores y snowboarders. La modalidad snowspeed, disponible también en Cerler (pista Basibé) está, además, enfocada a alcanzar (¡y medir!) la máxima velocidad posible sobre la tabla o tablas del esquiador que se anime a intentar batir su marca. ¡O la de los demás!

Estación de esquí Javalambre.
Estación de esquí Javalambre.

 

Para volar sobre la nieve

Uno de los deportes de nieve más novedosos es el speedriding, una ingeniosa disciplina nacida en los Alpes y en la que, además de con sus esquíes, quien lo practica se equipa con un mini-parapente que permite pequeños vuelos sobre la nieve para sortear obstáculos o, sencillamente, dejarse llevar por una forma radicalmente nueva de experimentar el esquí. Su implantación en España camina con paso lento pero seguro. Ya podemos practicarlo, por ejemplo, en Cerler, o en Vallnord.