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Una joven serena y concentrada que mueve una varilla de incienso ante la estatua sagrada de Ruha.

Eclipse 2026: Mitos, leyendas y maldiciones

El arma para aterrar con dragones, lobos, demonios y dioses cabreados

Actualizado: 08/07/2026

Cuando vivas el eclipse total del 12 de agosto de 2026 recuerda que, desde hace miles de años, mitos y leyendas sobre el fenómeno han acogotado y deslumbrado al personal. Unos apuestan por el terror, como las grandes religiones monoteístas; otros, por el buen rollo, ese que defiende que un eclipse es un presagio de buena suerte. O por la definición de la NASA: “Es un fenómeno celeste que causa admiración y cambia drásticamente el aspecto de los dos objetos más grandes que vemos en nuestro cielo: el Sol y la Luna”. Pero siempre será una belleza, que es mejor degustar con armonía. 
Los Soletes de los famosos

De entre las grandes religiones, sólo el budismo considera el eclipse solar un buen augurio. El resto, desde los caldeos y los egipcios hasta los cristianos o el Islam, han utilizado el eclipse como fenómeno para predecir desde catástrofes a obviedades. El objetivo es siempre el mismo: asustar al personal para manejarle. Hay excepciones entre tribus africanas, los esquimales del Ártico o los vikingos, que tienen mitos y leyendas menos terroríficos. Interpretan que el eclipse es una batalla natural y hermosa entre la Luna y el Sol después de la cual llega la paz universal.

Estatua de Buda con atardecer.
El budismo considera el eclipse solar un buen augurio. Foto: iStock

Los batammariba (al norte de Benín y frontera con Togo) piensan que la lucha entre la Luna y el Sol es una llamada a la paz; los inuit (Ártico) opinan que la Anningan, diosa de la luna, y Malina, diosa del sol, llegan al eclipse después de la batalla. Para los vikingos, el lobo Skoll roba el disco amarillo que es el sol y provoca la negrura del eclipse total. Como los indios navajos y otras culturas norteamericanas, creen que el eclipse cumple una ley cósmica que da paso a la reflexión y a hacer balance.

Los sabios caldeos -habitantes de Mesopotamia-Babilonia y hoy Irak- hace cinco mil años conocían la trayectoria de los astros y podían predecir los eclipses. Evidentemente, esos grandes astrónomos confiaban sus secretos a Hammurabi o Nabucodonosor -o quien gobernara entonces, esos dos son los más famosos- que utilizaban las predicciones, por supuesto divinas para atemorizar a la población, siempre más pobre e ignorante. También para debilitar a las tropas del enemigo. Ellos fueron los descubridores del “ciclo matemático de Saros”, demasiado para explicar aquí.

Lobo en puesta de sol.
Para los vikingos, el lobo Skoll roba el disco amarillo que es el sol. Foto: Pexels

Tales de Mileto, primer gran filósofo europeo, matemático, astrónomo y autor de aquello de “el agua es el principio de todas las cosas” -hace 2.600 años que lo dijo-, tomó como base el sistema de predicción de los caldeos para estudiar los eclipses y, a partir de ahí, los historiadores griegos -Heródoto y Plutarco- los incluyen en sus episodios de Grecia contra Persia (Jerjes) o contra Tebas. Pero entre los eclipses famosos en la antigüedad, el más hermoso es la descripción que hace Homero en La Odisea: “El sol se ha borrado del cielo, y una oscuridad invade la mala suerte del mundo”. Predice la muerte de los pretendientes de Penélope a manos de Ulises y su hijo. En la antigua Grecia ya estaba todo. Los griegos pensaron que el eclipse era un mal presagio porque todo el Olimpo estaba cabreado con los hombres.

Las famosas casas de barro en forma de torre de los batammariba.
Los batammariba piensan que la lucha entre la Luna y el Sol es una llamada a la paz. Foto: Wikimedia

Cristóbal Colón, buen estudioso del firmamento, no utilizó el eclipse para ahuyentar a los dragones o los demonios que se comen el sol, pero sí para dejar de pasar hambre. Cuentan las crónicas que, durante el cuarto viaje a América, en 1503, se quedaron varados en Jamaica. Los nativos al principio les ayudaron dándoles comida, pero al parecer los españoles no fueron muy agradecidos, más bien al contrario. Hartos, los jamaicanos dejaron de alimentarles. Colón predijo el eclipse de luna del 29 de febrero de 1504. Les contó que les iban a robar la luna. Los jamaicanos optaron por volver a darles de comer.

El eclipse, la comida y las leyendas

Las grandes culturas europeas, griega y romana, no se ceban en lo malo que es cocinar o comer durante un eclipse; pero en la hindú prefieren no guisar durante el fenómeno; el budismo prefiere el ayuno, pero por cuestiones del ¿alma? Y según la wiki, muchos reducen la carne, el ajo y la cebolla en la alimentación. Cierto que un eclipse puede ser un buen momento para practicar el ayuno… La Biblia no da instrucciones sobre qué leer o comer cuando todo se oscurece. Eso sí, la oscuridad celeste es utilizada en diferentes ocasiones en el gran libro, siempre en tono apocalíptico, amenazante. “El sol se convertirá en tinieblas, la luna en sangre”. Es sólo un ejemplo. Los tres días de oscuridad también se mencionan en varios episodios, pero un eclipse no dura tanto. Resumen: se puede comer y beber sin más.

Eclipse solar.
El miedo al sol que desaparecía ha sido utilizado por la mayoría de las religiones. Foto: Pixabay

En tiempos en que regresa el oscurantismo en tantos rincones del planeta, conviene recordar que la misma NASA desmiente que comer durante un eclipse traiga mala suerte. No es verdad, como dicen otras creencias, que la comida se dañe. ¡Ah! y también es mentira que no se deba tomar agua. No obstante, pese a la NASA, los científicos, la posibilidad de que en unos años los humanos vivan en Marte o en la Luna, siempre habrá espabilados que inventen leyendas o mitos para manejar a los más tontos. Pero a veces son ¡tan hermosos esos mitos!

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