Panteón de Reyes de San Isidoro (León)

La Capilla Sixtina del Románico o el "corazón de los leoneses"

"Este es el corazón de León y los leoneses". No se conoce ni su autoría, ni con exactitud la fecha de su creación. Tampoco existe consenso sobre en qué corriente enmarcar tan expresivas pinturas, que fueron menospreciadas, durante siglos, por reyes y súbditos. Sin embargo, los frescos que decoran la bóveda del Panteón de Reyes de San Isidoro son una de las obras cumbres del Románico, supervivientes, sin restauración alguna, a casi un milenio de historia. Hoy, admiradas por miles de visitantes y expertos de arte de todo el mundo, siguen dando cobijo protector y funerario a reyes, reinas, infantes y nobles del glorioso Reino de León.

"Siempre que entramos en este espacio, todos tenemos tendencia a levantar la mirada, hipnotizados por las espectaculares pinturas de la bóveda; pero a mí me gusta pedir a nuestros visitantes que primero dediquen unos minutos a observar el suelo, para que no se nos olvide que estamos en un cementerio real. Este es el corazón de León, donde permanecen enterrados 33 reyes, reinas, infantes y nobles de nuestro antiguo Reino". Raquel Jaén no puede disimular la pasión que siente al desvelar la trascendencia histórica del Panteón Real de San Isidoro. Como directora de su Museo, lleva años descubriendo cada detalle de este espacio, mezcla perfecta entre el misticismo y el arte, construido en una esquina del claustro de la Colegiata. Con sus explicaciones, va recreando en la imaginación del observador obnubilado los retazos que el inmisericorde paso del tiempo ha hecho desaparecer.

Panteón de Reyes de San Isidoro (León): Anunciación de los Pastores
La Anunciación de los Pastores es una de las pinturas cumbre del estilo románico.

Miremos, por tanto, primero al suelo, que es donde la historia nos da más certezas. El Panteón fue una voluntad de la reina Sancha y su esposo, el rey Fernando I el Grande. Ambos querían ser enterrados, junto a sus ancestros, en el monasterio de San Juan Bautista de León, que pasó a llamarse de San Isidoro cuando las reliquias de aquel arzobispo sevillano fueron trasladas a la ciudad a mediados del siglo XI. Se cree que es la primera iglesia románica en los reinos de León y de Castilla, con aire de cripta, misteriosa y transcendental, que ha sido, a lo largo de estos siglos, destino funerario para el eterno reposo de 33 miembros de la Corte leonesa: 11 reyes, 12 reinas, 10 infantes, más nobles y otros personajes sin identificar.

Panteón de Reyes de San Isidoro (León): tumbas de reyes
Sólo 3 tumbas sobrevivieron a las tropelía de los franceses: las de Alfonso V, Sancha Raimúndez y don García, conde de Castilla.

Vermudos, Alfonsos, Sanchos, Ordoños, Fernandos, Ramiros, Sanchas, Elviras, Urracas... Aquí descansa hasta el último conde de Castilla, don García, frustrado consorte de Sancha I, que aspiraba a coronarse en León y que fue asesinado en la ciudad cuando venía a conocer a su prometida. "Hoy, reyes y vasallos, amigos y enemigos, víctimas y verdugos, yacen en santa y fraterna promiscuidad, compartiendo los mismos ataúdes", tal y como recogía el eclesiástico e historiador medieval Antonio Viñayo en uno de sus libros. Y es que, a principios del siglo XIX, las tropas napoleónicas convirtieron este panteón en pajar para las bestias y los sarcófagos, en abrevadores para los caballos. "Durante la Guerra de la Independencia, sacaron de sus tumbas a los Reyes, desvalijaron sus mortajas y amontonaron los huesos, haciendo imposible su individualización y reconocimiento posterior", recuerda Jaén.

Panteón de Reyes de San Isidoro (León): detalle de colores nítidos
Algunas pinturas, con sus colores originales casi intactos, parecen recién hechas.

Por suerte, no dañaron la estructura del recinto y las pinturas que lo cubren. En la parte central, dos robustas columnas sostienen siete arcos sencillos y dividen el espacio en tres naves y seis bóvedas, construidas con piedra toba. Los capiteles de las columnas centrales están decorados con frutas (manzanas y piñas, que representan el pecado y la bendición), mientras que los de las columnas situadas al fondo, donde antes existía una puerta de acceso a la basílica, "son de los primeros que en el Románico español reproducen escenas evangélicas", con sus personajes de ojos con forma de almendra y rostros barbudos.

Panteón de Reyes de San Isidoro (León): capiteles de las columnas
La resurrección de Lázaro y la curación del Leproso, representadas en los capitales de dos columnas.

Los colores originales de hace nueve siglos

"El Románico se ha asociado siempre con algo más oscuro, con grandes edificios de muros y piedra. Pero el Panteón de Reyes de San Isidoro es todo lo contrario: color, luz, fuerza... una representación del arte espiritual". Hay quien dice que este espacio compite en belleza con las espectaculares vidrieras de la catedral gótica de León. Los historiadores no han alcanzado todavía un consenso sobre su data, aunque la mayoría se inclina por ubicarlas a finales del siglo XI, encargo de doña Urraca, señora de Zamora e hija de Fernando I y Sancha. El sol y el paso del tiempo han difuminado o hecho desaparecer para siempre algunas escenas, pero otras permanecen casi como recién trazadas por el pincel de ese artista anónimo –quizá fueron varios–, que usó ocres, amarillos, rojos almagre y diferentes tonalidades de grises para darle vitalidad a un tapiz funerario.

Panteón de Reyes de San Isidoro (León): Anunciación de los Pastores, detalle del mastín leonés
El mastín leonés bebiendo de la escudilla de su amo en la escena del Anuncio a los Pastores.

Las pinturas recrean los tres ciclos litúrgicos: Navidad, Pasión y Resurrección. Arrancan desde el muro meridional del Panteón, siguiendo el sentido de las agujas del reloj, y culminan en la pintura mutilada que daba acceso a la iglesia, hoy tapiada. La primera de las imágenes es la Anunciación a la Virgen por el arcángel Gabriel, con sus alas desplegadas.

Este personaje es coprotagonista del dibujo campestre del Anuncio de los Pastores, cumbre de la pintura románica. El ángel se presenta ante unos jóvenes pastores, ataviados con instrumentos (un cuerno, un caramillo y un enorme cayadón), que cuidan de sus rebaños de ovejas, carneros, bueyes y machos cabríos. "Es una escena maravillosa, enmarcada dentro de la montaña leonesa. De hecho, el artista pintó, entre los animales, un mastín leonés que, en un descuido del amo, bebe de su escudilla", apunta la directora del museo.

Panteón de Reyes de San Isidoro (León): Degollación de los Inocentes
El artista no escatimó detalles para tan macabra escena, perpetrada por un rey.

Otras representaciones de episodios de la infancia de Jesucristo, como la circuncisión, la comitiva de los Reyes Magos o la huida a Egipto, se encuentran muy deterioradas. No así la Degollación de los Inocentes, para la que el artista no escatimó detalle alguno en tan macabra escena. En el centro de la misma, un borroso Herodes, sentado en un faldistorio, es escoltado por un soldado con espadón al hombro y escudo. Rodeándoles, varios soldados decapitan, mutilan o atraviesan con sus lanzas los cuerpos desnudos de las criaturas.

¿El Santo Grial en León?

El Panteón de Reyes recibe el sobrenombre de la Capilla Sixtina del Románico. Cuatro siglos lo separan de esos frescos extraordinarios con los que Miguel Ángel cubrió la sala donde se reúne el cónclave que elige a un nuevo Papa. Sin embargo, la grandiosa escenografía de la Santa Cena recreada en la bóveda central de San Isidoro nos trae a la memoria una de las obras más representativas del Renacimiento, pintada por Leonardo da Vinci. En este caso, el artista anónimo aprovechó cada rincón del espacio para recrear la última cena que compartió Jesús con sus apóstoles. Sobre sus piernas, se extiende una mesa con copas, panes y peces. Los apóstoles sujetan comida, cuchillos o cálices blancos –a Judas le llega a dar de comer de su propia mano Jesús–. Cristo es el único personaje que no cuenta con su cáliz, que está sirviendo Marcial (Marcialis Pincerna, el Copero), "un personaje mencionado en los Evangelios apócrifos, encargado de servir el vino en esa última cena", explica Jaén.

Panteón de Reyes de San Isidoro (León): la Santa Cena
Como en cada escena, en la Santa Cena el artista también identificó con un letrero en latín a cada personaje.

La directora del Museo llama la atención sobre la forma y color de dicho cáliz. "Es negro y en su reborde, se aprecia una muesca. Igual que el cuenco de ónix, datado entre los siglos I a.C. y I d.C., que la infanta doña Urraca, primogénita de Fernando I y quien nombró caballero al Cid Campeador, decoró con sus rubís, zafiros, esmeraldas, perlas y filigranas de oro". Recientemente, dos historiadores han establecido una conexión entre esta pieza única de orfebrería medieval, que se expone en una sala de la Colegiata, y la reliquia del Santo Grial que saquearon los egipcios en 1009 del Santo Sepulcro de Jerusalén, aunque existe controversia sobre esta vinculación.

Panteón de Reyes de San Isidoro (León): Marcial 'el Copero' con el cáliz de Cristo
Marcial 'el Copero' sostiene el cáliz de Cristo, negro y con una muesca, igual que el que decoró con sus joyas doña Urraca.

En la siguiente bóveda, el artista vuelve a aprovechar cada rincón y logra recrear cinco episodios de la Pasión en tan reducido espacio: el prendimiento de Jesús, con el huerto de los Olivos; la negación de Pedro a la sirvienta; el lavatorio de manos de Pilatos; el llanto de Pedro; y el Cireneo con la cruz. En el muro de enfrente, el decorador ilustró la Crucifixión, "maravillosa, de estilo medieval, donde se representa a Cristo en la cruz, clavada sobre el sepulcro y calavera de Adán, y escoltado por el Sol y la Luna. Entre los personajes que acompañan a Jesús destacan, arrodillados a sus pies, Fernando I y Sancha, los reyes benefactores económicos del Panteón y, quién sabe, quizá también de estas pinturas.

Panteón de Reyes de San Isidoro (León): Crucifixión
A los pies de la cruz de Cristo, oran los benefactores del Panteón, los reyes Fernando I y Sancha de León.

El calendario agrícola de San Isidoro

Llegamos a una de las pinturas centrales, que mejor ha conservado los pigmentos y trazos sobre el blanco de la cal. Se trata del Pantocrátor, "un Dios Todopoderoso, en una cósmica visión". En el centro, enmarcado en un cerco oval conocido como mandorla (almendra mística), Cristo bendice con la mano derecha y en la izquierda sostiene un libro abierto sobre el que está escrito, en latín, el mensaje EGO SUM LUX MUNDI (Soy la luz del mundo). Le rodean, en las cuatro esquinas, los evangelistas, representados por sus respectivos animales místicos. "Es una escena muy potente, que gobierna sobre todo el Panteón y bendice el lecho eterno de los reyes", señala la guía.

Panteón de Reyes de San Isidoro (León): Pantocrátor
La figura del Pantocrátor es muy habitual en el arte románico.

Justo en el intradós del arco que separa esta bóveda y la del Viviente –Resurrección de Cristo–, nos encontramos el calendario agrícola, una recreación de Jesús como Cronocrator, señor del Tiempo. Inscrito dentro de un círculo, se refleja el paso de los meses del año con una actividad propia de cada estación. Arrancamos con enero, representado por el dios Jano, con doble cara: una mirando al año pasado y otra al que comienza; en febrero, el viejo campesino se calienta al fuego; en marzo, poda la vid; en abril, siembra la cosecha; subido a un caballo está en mayo, mes que se aprovechaba para la Reconquista al producirse ya el deshielo en las montañas; en junio, julio y agosto, distintas tareas con el cereal; septiembre, la vendimia, "una de las más bonitas para mí", según confiesa Jaén; en octubre se le da de comer a los cerditos que, por San Martín, ya en noviembre, se sacrifican. Cierra la serie diciembre, donde el campesino bendice el pan, al estar en Navidad, mientras se calienta los pies en la lumbre.

Panteón de Reyes de San Isidoro (León): calendario agrícola
Una muestra única de las vestimentas, herramientas y tareas campestres del Medievo.

"Los leoneses hemos sido muy afortunados. Durante los trabajos de documentación y conservación –no hay indicios de que se hayan restaurado nunca–, los conservadores no arrancaron estos frescos, como sí hicieron en muchas iglesias". Y eso que, a lo largo de la historia, muchos reyes mostraron su desprecio por esta obra –Felipe II, rey de España, Portugal, Inglaterra e Irlanda, trató de cubrirlas con paños, por ejemplo–. Sin embargo, todavía podemos maravillarnos con esta Capilla Sixtina del Románico en su lugar original, primera sede del Parlamentarismo mundial –en el claustro de la Colegiata se celebraron las primeras Cortes en 1188–. El Panteón de los Reyes es "ese símbolo vivo de un legendario reino que ahora vemos como una pequeña ciudad de provincias, pero que todos los leoneses llevamos un poco dentro", asegura con orgullo Raquel antes de que entre un nuevo grupo de turistas, que no pueden evitar elevar primero la vista al colorido techo.

PANTEÓN DE LOS REYES DE SAN ISIDORO - Plaza de San Isidoro, 1. León. Tel. 987 87 61 61.
 
Panteón de Reyes de San Isidoro (León): Panteón y visitas
El Panteón de Reyes recibe unas 1.000 visitas diarias entre mediados de julio hasta mediados de octubre.