Berrea en el Parque Nacional de Cabañeros

Serenata para un harén de ciervas

Amanecer y atardecer son los mejores momentos para escuchar las berreas
Amanecer y atardecer son los mejores momentos para escuchar las berreas.

Un sonido bronco rompe las noches para dejar paso a la luz en el Parque Nacional de Cabañeros, el “Serengueti” español, enclavado entre los Montes de Toledo y la provincia de Ciudad Real. Cada berrido es una llamada amplificada de la manifestación del celo de los machos que mantienen un estado de excitación cuando llega el otoño. La berrea del ciervo ha comenzado en este bosque mediterráneo tan cercano y poco conocido para muchos.

Es la lucha a muerte por perpetuarse y asegurar la descendencia. El instinto evolutivo convierte en espectáculo la liturgia del apareamiento. Desde mediados de septiembre hasta finales de octubre, dependiendo de las condiciones climatológicas, la berrea alcanza su mayor esplendor, sobre todo al amanecer y al atardecer, cuando los machos dominantes del mayor mamífero de este parque nacional bajan del monte a la raña, las dehesas y herbazales. Aquí muestran sus habilidades ante los harenes de hembras, y se disponen a romperse la cornamenta contra las de sus opositores y a dejarse la garganta gritando al cielo.

La ciudad de Toledo fue dueña de estas tierras desde que en el siglo XIII se las comprara al rey Fernando III para el abastecimiento de madera, carbón y leña destinada a su población. Ya en el siglo XIX, la desamortización de Madoz convirtió estas tierras en grandes latifundios que dedicaron exclusivamente al cereal y a la caza. De las 40.856 hectáreas con las que cuenta el parque en la actualidad, alrededor de la mitad siguen siendo de propiedad privada.

Varios ciervos en convivencia.
Varios ciervos en convivencia.

Desde el vehículo todoterreno que lleva  a los visitantes por los senderos de la llanura, las persecuciones de los venados detrás de las ciervas se observan en silencio para no perderse los detalles sonoros. Son las fechas idóneas para ver juntos a hembras y machos, fuera de estos días los ciervos se segregan por sexos, por un lado se encuentran los grupos matriarcales de hembras y crías, y por otro, los machos que se asocian en pequeños grupos de similar rango social. Cuando llega el invierno, las ocasiones de observar ciervos en la raña son cada vez más escasas. En primavera los machos pierden la cuerna y las hembras están al final de su gestación, la falta de defensas de los primeros y la poca movilidad de las ciervas hace difícil disfrutar de su presencia.

Los venados luchan por mantener su territorio entrelazando sus cuernas para demostrar quién manda, algunos resultan heridos y otros mueren en el lance o se apartan del vencedor, que se queda en solitario con el harén para intentar montarlas una y otra vez. Entre ocho y nueve meses hay que esperar para que nazca un nuevo cervatillo que acompañará a su madre hasta los dos o tres años, la edad en la que alcanzan la madurez sexual.

Dos hombres observan a los ciervos.
Dos hombres observan a los ciervos.

Las visitas se realizan por el interior del parque en vehículos 4x4, en compañía de un guía-intérprete que nos adentra en la fauna y flora  mientras nos inmiscuimos en la intimidad de los cérvidos. Aunque no faltarán los telescopios terrestres, es recomendable llevarse unos prismáticos y la cantimplora con agua fresca. Si somos un poco madrugadores o nos esperamos a la caída de la tarde, tendremos la oportunidad de disfrutar mucho mejor de este show en plena naturaleza.

Cabañeros debe su nombre a los chozos utilizados por pastores y carboneros temporeros, construcciones efímeras hechas con materiales vegetales que poco tienen que ver con el famoso castillo de Prim, el notable militar catalán del XIX que hizo construir un fortín enclavado dentro del actual parque nacional, en la dehesa del Cerrón, donde tuvo un encuentro con el papa Pío IX.

El encanto de los alrededores

Conocer a fondo Cabañeros nos empuja a descubrir los pueblos que rodean el parque nacional y que apostaron por el desarrollo de servicios e instalaciones. El 'Hotel Parque Cabañeros', en Horcajo de los Montes, es un lugar que nos recuerda a las estancias británicas por su decoración. Es el que cuenta con más habitaciones de toda la comarca. El museo etnológico de este pueblo de 1.100 habitantes supone un encuentro con las tradiciones populares de la zona y las alfombras artesanales hechas con telar, que se encuentran en el Palacio y el Teatro Real y salieron de las manos de los tejedores horcajeños.

Casa Palillos, recepción del visitante del parque.
Casa Palillos, recepción del visitante del parque.

El Instituto Nacional de Colonización, creado alrededor de 1950 para instalar colonos en zonas deprimidas, construyó Pueblonuevo del Bullaque en 1954, una localidad que representa la estética de las poblaciones creadas para este fin. Es el más próximo al centro de recepción de visitantes del parque, Casa Palillos, donde el visitante encontrará la información necesaria para conocer lo que le espera.

En Navalucillos, enclave del valle de Pusa (Toledo), destaca la casa rural 'La Cerecera', de categoría superior, fue construida en 1995 con muros de piedra de estilo toledano. Cuenta con once plazas y está preparada para personas con movilidad reducida, cocina completa y un entorno para relajarse contemplando los encinares de alrededor.

Campanario de la iglesia de Pueblonuevo del Bullaque.
Campanario de la iglesia de Pueblonuevo del Bullaque.

En la pequeña localidad toledana de Hontanar, un alojamiento bioclimático y sostenible, 'El Refugio de Cristal', nos sorprende por su filosofía, su observatorio astronómico y su espacio chillout. Premiada a la mejor iniciativa en materia de accesibilidad y sostenibilidad de Castilla La Mancha, este lugar se convierte en un destino para pasar unos días en los alrededores del parque nacional de Cabañeros.


Cómo reservar: Para hacer las reservas de las visitas podemos ponernos en contacto con la concesionaria que gestiona estas actividades: info@visitascabaneros.es o llamando al teléfono 926 85 03 71.

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