El Valle de Varradós.

Ruta en bicicleta eléctrica por el Valle de Arán (Lleida)

El Valle de Arán a golpe de pedal

Fotografía: Alfredo Cáliz

15/09/2022 –

Actualizado: 06/09/2022

Casco preparado y bicicleta eléctrica a punto. Nos lanzamos a las montañas de Varradós, en pleno Valle de Arán (Lleida), para pedalear entre cascadas de 30 metros, colmados rodeados de impresionantes cumbres y bosques cautivadores. Una aventura con final feliz en la idílica 'Borda de Lana'.

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Las primeras luces del amanecer se cuelan por la ventana del coqueto hotel de montaña Seixes, en Bagergue. Enclavado a 1490 metros de altitud, este pequeño pueblo cuyo encanto y tranquilidad enamoró al cantautor Pau Donés, presume de ser el más alto del Valle de Arán, en Lleida. El café ya está caliente y las vistas sobre el pico Aneto nos ponen las pilas para empezar el día. Fuera esperan Francesc Comas y Aitor Etxenausia, con su furgoneta cargada con tres bicicletas Scotte Strike, listos para comenzar la aventura a pedales.

Francesc Comas y Aitor Etxenausia.
Francesc Comas y Aitor Etxenausia.

Ya al volante, Aitor pone dirección a Vielha, donde se encuentra Copos Ski & Bike Center, la tienda donde trabaja y donde puedes alquilar bicicletas o comprar esos calcetines olvidados a última hora o esa mochila que te hará más cómoda la pedalada. A su lado, Francesc dirige la empresa de turismo activo Exciting Events, encargada de diseñar multitud de rutas por el Pirineo. Ambos forman un tándem perfecto a la hora de ofrecer aventuras sobre el sillín en un entorno que se conocen al dedillo.

Un ciclista en la Era Artiga del Valle de Varradós.
Un ciclista en la Era Artiga del Valle de Varradós.
La antiguas casas de los pastores se conocen como bordas.
La antiguas casas de los pastores se conocen como bordas.

El trayecto en coche desde Vielha hasta la cascada de Saut deth Pish, inicio de la ruta, es de una media hora. Por la ventanilla se observan bosques de laureles de montaña, avellanos, abetos y nogales; también alguna antigua casa de pastor conocida como borda. Cerca de la cascada, en el Pla des Artiguetes, un parking te permite dejar el coche. Nuestro guía detiene el vehículo unos 5 kilómetros antes de llegar, en la Era Artiga del Valle de Varradós, una inmensa explanada de prados con unas fascinantes vistas al Aneto (3.404 m) y a los bosques y montañas que le rodean. “Vamos a empezar a calentar aquí”, anima Aitor.

Cartel Airau de Cuveishic.
Por el camino nos cruzamos con el área de descanso Airau de Cuveishic.

Tras ajustarse el casco, el guía de 41 años muestra el funcionamiento de las Scott strike, unas bicicletas eléctricas de doble suspensión de montaña que dan ese pequeño empujón necesario en subidas y tramos que requieren más esfuerzo. “Estas bicis permiten que mucha gente pueda acceder a rutas que de otra forma no podrían hacer”, apunta Francesc, antes de regresar a Vielha con la furgoneta vacía.

Mirador frente a la cascada.
Se puede llegar en bici hasta el mirador de la cascada.

La subida por el camino asfaltado sirve para familiarizarse con la bici y ver los diferentes niveles de empuje que tiene. Siempre hay que pedalear, el motor eléctrico es sólo una ayuda que se activa con el movimiento. Unas pedaladas más y llegamos a la primera recompensa de la ruta: la Cascada de Saut deth Pish, una de las más espectaculares del Valle de Arán, con sus dos grandes saltos de agua, el primero de ellos de más de 20 metros. En total, alcanza los 35.

Ciclista subiendo a la cascada.
El agua de la cascada procede del Long de Liat, situado más al norte.
La Cascada de Saut deth Pish
La Cascada de Saut deth Pish, una de las más bellas del valle.

Frente a la catarata, un mirador permite acercarse para hacerse la foto de recuerdo. Puedes incluso llegar con la bicicleta. En otoño, es tal la fuerza del agua, que da la sensación de que está lloviendo cuando te aproximas a ella. Cerca se encuentra el lago de Varradós y el bosque de Siesso, que forman un escenario digno de postal. "El agua de la cascada procede del Long de Liat, situado más al norte", comenta Aitor que, hace 20 años, dejó su casa en Arechavaleta (Guipúzcoa) atraído por la nieve de este valle que le acabó enamorando.

Subida al Valle de Varradós.
La ayuda de la bici eléctrica se agradece en subidas como esta.

Iniciamos la subida hacia el Coth de Varradòs, abandonando el asfalto y dejándonos engullir por la naturaleza del valle del mismo nombre. Un camino que, poco a poco, va cogiendo pendiente, obligándonos a subir el nivel de asistencia eléctrica mientras zigzagueamos hasta alcanzar la cima del collado. Una subida de montaña de 500 metros de desnivel que va dejando atrás un frondoso bosque para descubrirnos un paisaje de prados, lleno de sosiego y calma, donde el único sonido es el de la ruedas marcando el camino sobre la tierra o el relinche de unas yeguas que se cruzan con nosotros unos metros por delante.

Yeguas en el camino.
Yeguas y caballos se cruzan en tu camino.
Collado de Varradós.
En el collado llegamos a 2050 metros de altitud.

Una vez arriba, es momento para beber agua, tomar aliento y disfrutar de unas vistas de 360 grados de la belleza del valle. Estamos a 2.050 metros de altitud y el sol pega fuerte. Varios ciclistas y un rebaño de vacas nos acompañan en este collado que ofrece unas bonitas panorámicas sobre el emblemático Tuc de Maubèrme (2.280 m) justo en la frontera con Francia. Al otro lado se encuentra el Valle de Liat, famoso por sus más de 30 minas abandonadas en el siglo XX.

Bajada hacia el valle de Unhola.
La emocionante bajada hacia el Valle de Unhola.

Llega la parte más divertida de la ruta: el descenso. Una pista arreglada serpentea en vertiginosas curvas que la bicicleta supera con facilidad. "Aquí es mejor no usar el motor eléctrico o corres el riesgo de perder el control", alerta Aitor. El entorno es idílico. El aire te acaricia la cara, sientes emoción con cada pedalada y tu cabeza intenta asimilar la majestuosidad del paisaje que tienes delante sin quitar los ojos del camino. Curva tras curva, el Valle de Unhola se abre ante nosotros. Queda poco para llegar volver a Baguerge, pero antes, una nueva parada para llenar el estómago con delicias del Pirineo.

Bajada hacia el valle de Unhola.
La belleza del entorno acompaña en la bajada.

Cocina aranesa en un paisaje de ensueño

Bajando hacia el río, en el fondo del valle, una casa de madera y piedra se adivina a lo lejos: es la 'Borda de Lana', regentada por la misma familia que lleva el restaurante 'Casa Perú' en Bargerge. Abierta sólo en verano, hay que acercarse para descubrir entre los árboles su acogedora terraza, llena de flores y con las mesas ya montadas esperando a sus primeros clientes.

Terraza de Borda de Lana
La Borda de Lana sólo abre en verano.

Todo lo que ofrecen en su carta es producto aranés: desde los entrantes, como el pan tostado con ajo, aceite y queso azul de la quesería Hormatges Tarrau; el tomate confitado de su huerta y secado al sol; o la terrina de paté de Casa Novas -la carnicería del pueblo-; a los platos principales, como las albóndigas de ciervo con setas de casa; o el embutido del Pirineo: longaniza fresca, morcilla negra y morcilla de huevo, también de Casa Novas.

Terraza de Borda de Lana
Un merecido descanso tras la ruta.

Sobre las brasas cocinan carnes de primera como el solomillo de cerdo o tiernísimo vacío de ternera. Aunque la fama se la lleva su tortilla de patatas, jugosa y con un intenso color amarillo que te hace querer devorarla. "La preparamos con huevos de nuestras gallinas y patatas que cultivamos nosotros", comenta Alicia con una sonrisa que contagia. "El secreto es la leña y la mano de la abuela", añade la joven. Para beber, proponen la cerveza artesanal REFU, elaborada en el propio Valle de Arán.

Longanizas y vacío de ternera.
El embutido es de Casa Novas y las carnes las preparan a la brasa.
Tortilla de patatas de Borda de Lana.
La tortilla de patatas de Borda de Lana, su gran hit.

Es hora de volver a Bagergue donde espera Francesc para recoger las bicicletas. De la 'Borda de Lana' al pueblo hay unos dos kilómetros de pedaleo fácil, un agradable paseo por la Ribera en el que varios caballos se acercan al río a beber, ignorando a los ciclistas. Varias mariposas multicolor revolotean en el aire, a modo de despedida. Ya en el pueblo, toca bajarse de la bicicleta, quitarse el casco y rememorar la aventura vivida.

Casa en Bagergue
Bagergue, fin de la ruta.

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