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Despertar en una habitación bautizada como Treixadura, la uva blanca reina de la D.O. Ribeiro; descender a las cavas donde el mosto inicia su camino hacia la excelencia; y culminar la jornada frente a un plato que sabe a esa misma tierra. Todo es posible sin cruzar un solo umbral en Casal de Armán, en Ribadavia (Ourense). El viajero se sumerge en un ecosistema circular donde el alojamiento rural, la bodega y la alta gastronomía de Sábrego (restaurante Guía Repsol) se fusionan bajo el mismo tejado de piedra del siglo XVIII.
Es un proyecto de enoturismo integral con vistas al Valle del Avia. Detrás está la familia González Vázquez, que lleva cuatro generaciones haciendo vino en este valle, y que en 1997 compró un caserío de 1727, que en origen fue un conjunto rectoral de la Iglesia y sentó las bases del actual Casal de Armán. La familia rescató muros en ruinas y creó un refugio con “tres patas” y una conexión visceral con el entorno. En 2015, Marco Varela se les unió como chef ejecutivo. Tras ejercer la misma función en el Hotel Palacio de Sober y formarse junto a cocineros como Manuel de la Osa (3 Soles Guía Repsol), Nacho Manzano (3 Soles) o Pepe Solla (3 Soles), aquí logró la transición de lo que era una "casa de comidas" tradicional hacia un restaurante de alta cocina de producto.
Rinde homenaje al terroir desde su propio nombre, Sábrego, el granito descompuesto típico del Ribeiro; y su filosofía es clara: “el sabor prima sobre la estética”. Aunque es meticuloso en los emplatados, su verdadera obsesión es lograr platos que "marquen" al comensal. Ofrece dos menús degustación -de nueve y once pasos, Gavia y Socalco- y también carta y una inmersión que arranca en un pequeño balcón con vistas al valle, donde se recibe al visitante con un agua de tomate aliñada con espuma de manzana y apio, acompañada de una gilda en versión gallega, elaborada con sardina ahumada. Es el primer aviso de que aquí el entorno manda.
Una vez en la mesa, el desfile de bocados refuerza la inmersión en el Ribeiro y cobra su sentido pleno al maridar con el alma líquida de la casa, donde el Casal de Armán blanco se erige como el emblema clásico y el símbolo de la excelencia de la bodega, si bien el portfolio de la bodega va mucho más allá, ofreciendo una versatilidad de blancos y tintos diseñados para armonizar con cualquier plato y tipo de experiencia.
Inauguran los aperitivos el aceite Alma Meiga (Castrelo de Miño) y dos mantequillas artesanales de Airas Moniz (Chantada). Como transición, aparece un guiso de huevas de bacalao servido con una espuma de queso DOP Arzúa-Ulloa y pan crujiente. Y ya entra en materia con snacks líquidos, como el bocado de vieira a la gallega, el bombón de queso Galmesán o la crema de maíz acompañada de anguila ahumada, pepinillo, almendra y un toque de cebollino, diseñados para estallar en el paladar en un solo pase.
Mezclas de texturas y sabores en las que prima el producto de calidad y, en la medida de lo posible, de cercanía; si bien el chef no se cierra a otros orígenes, siempre que la calidad mande. Es el caso del espárrago blanco fresco maridado con caballa marinada, salsa romescu y aceite de menta, que traslada su suavidad y equilibrio desde Navarra a Ourense.
La secuencia de entrantes gana intensidad con el huevo de faisán cocinado a baja temperatura, que se acompaña con la cremosidad del queso DOP San Simón da Costa y el frescor del guisante lágrima, considerado por el chef como una auténtica "despensa de lujo" de temporada. El broche de oro lo pone el ravioli de gallo de corral, uno de sus platos más icónicos, que concentra todo el sabor de un guiso tradicional bajo una técnica impecable. Aunque ha intentado retirarlo de la carta, la demanda de los clientes lo mantiene como un imprescindible.
Cada pase tiene opción de maridaje, siempre con los vinos Casal de Armán como eje. Si bien también hay opción de decantarse por una cuidada selección de caldos de otras bodegas o por bebidas sin alcohol de elaboración propia, la elección predilecta del comensal suele ser por ese sabor que brota de esta misma finca y que, en palabras de Jorge González, buscan ser “una explosión en la boca, desde la punta de la lengua hasta el fondo de la garganta”.
El Casal de Armán clásico es la joya de la corona, pero se van haciendo hueco otras propuestas, como el complejo Finca Mi Señora (trabajado sobre lías); el Os Loureiros (fermentado en barrica); el Pepe Carrasco, un 100% Treixadura que rinde homenaje al padre de la familia; o el Incomprendido, un blanco fermentado con pieles, para quienes buscan perfiles menos convencionales. La experiencia se completa con una gama de tintos que rompe moldes, desde el Casal de Armán Tinto, un vino joven y fresco que por su fluidez “parece un blanco”, hasta el Finca Isabel Millán, un crianza con 18 meses de barrica.
Blancos y tintos van de la mano en la bodega, y mar y tierra hacen lo propio en Sábrego. Primero, la merluza acompañada de berberecho, un plato donde Varela aplica su fijación por los puntos exactos de cocción para preservar la jugosidad del pescado fresco. A continuación, el rabo de vaca deshuesado, escoltado por un cogollo aliñado con salsa de cebollino y una suave crema de apionabo.
Como transición hacia el postre actúa una piña osmotizada con hinojo, yogur de hierbaluisa y helado de lima. La culminación llega con el sorprendente bizcocho de Garam Masala, una mezcla de especias que otorga al postre un aroma evocador que recuerda al incienso, servido con crema de yuzu y helado de cacao. Un sabor imprevisto y poco habitual por estos lares, que todavía tendrá su colofón en un punto final con petit fours, que ayudan a limpiar el paladar. Trufas de chocolate negro y café, nubes de fruta de la pasión con mango, hoja crujiente de canela y melón con mojito, el clásico cierre de la casa que aporta el frescor definitivo y que encuentra su pareja en el Armán Doce, un vino dulce con notas de pasas y miel.
Como broche final, el restaurante entrega una minuta impresa en papel de semillas. Es la última declaración de intenciones de Casal de Armán: una invitación a llevarse el alma del Ribeiro a casa para que, literalmente, la experiencia vivida en Sábrego vuelva a florecer en una maceta.
Ese recuerdo que el visitante se lleva a casa es sólo el eco de una experiencia mucho más profunda, que incluye visita a la bodega y los viñedos, y una estancia en la casa rural que, para Jorge González, tiene su esencia en “piedra, madera y vistas”. Respetuosa con el patrimonio y con la historia frente a opciones de diseño más modernas, funciona como un tributo vivo al viñedo.
Ofrece seis habitaciones exclusivas, bautizadas con los nombres de las variedades autóctonas que nacen en sus tierras. Y alojarse entre sus muros centenarios permite vivir ese ecosistema y comenzar el día con un desayuno que sigue rindiendo culto al producto local. Pan de Cea, quesos artesanos, zumo natural y café, completan una experiencia que empieza en el viñedo, pasa por la mesa y termina donde nació todo: frente al paisaje del Ribeiro.
BODEGA Y CASA RURAL CASAL DE ARMÁN Y RESTAURANTE SÁBREGO. O Cotiño, s/n. San Andrés (Ribadavia, Ourense). Tel: 680 97 97 63
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