Castellanos de Zapardiel

Castellanos de Zapardiel

Información turística: 920323061

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La población de Castellanos de Zapardiel no alcanza los 100 habitantes. Está situado en las cercanías de Madrigal de las Altas Torres, junto al curso del río Zapardiel (cauce transitorio). Dista de Ávila 76 kilómetros.

La iglesia de Santa María del Castillo ejerce las funciones de iglesia parroquial. Del viejo edificio mudéjar solo quedan algunas trazas, como una portada ya clausurada en el flanco norte y, desde luego, el torreón, antigua atalaya reciclada después como campanario. Esta económica solución es común en esta esquina norte de La Moraña. Durante la repoblación a finales del XI y comienzos del XII se construían torres defensivas que terminaron conformando una red de fortalezas en los pueblos y los puntos más altos de la llanura.

La torre de Castellanos era exenta, separada de la nave de la iglesia construida después, aunque en una ampliación posterior se unieron mediante una pequeña dependencia. Esa misma característica se repite en poblaciones vecinas como San Esteban o Muriel, aunque en estos casos la torre sigue exenta por situarse a bastante más distancia del resto del templo.

Lo más interesante del interior es el sotocoro, sobre una gran viga decorada con figuras ovales y semicirculares, y tres retablos barrocos que acogen figuras y crucifijos atribuidos a artesanos de fama como Juan Vela o Juan Rodríguez.

Castellanos enseña varias casonas tradicionales de labor, en una y dos alturas, con fachadas de ladrillo visto. La amplia Plaza Mayor tiene el encanto de lo humilde y lo entrañable bien cuidado: una callejuela empedrada de canto, casitas bajas, cada una con su personalidad, y una fuente moderna en el centro rodeada de ocho árboles.

Presenta una reliquia de arquitectura industrial: la Casa del Torreón, junto a una espigada chimenea cilíndrica de ladrillo.

El pueblo se incluye en la zona Zepa de protección de aves más amplia de Castilla y León, que concentra un centenar largo de especies, especialmente esteparias.

Blanco verdejo. Un altozano próximo está horadado de viejas bodegas con las entradas aún en pie. Las tierras de Madrigal, junto con algunas aledañas como las de Castellanos, fueron el núcleo productor de un verdejo célebre, nombrado en diversas obras literarias y tratados desde el XIV al XVI. Alaban el vino de Madrigal (entendido como una especie de denominación a la que pertenece Castellanos), en La Celestina, Cervantes, Tirso de Molina, Juan del Encina, Góngora y Jorge Manrique, entre otros. Esa vieja tradición, que perduró mal que bien hasta las epidemias del XIX y las reformas agrícolas del XX, comienza a recuperar vigor en la zona.

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