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Coria

La ciudad que se mira en el río

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Coria se mira en el río Alagón y este acompaña a la localidad y a todo aquel que la visite. Un paisaje suave de bosque y matorral mediterráneo la envuelve, en un Jardín Botánico que nos recibe si venimos desde Cáceres, encarna la postal típica de la dehesa extremeña: llanuras de pasto con alcornoques, encinas, jaras y retamas silvestres. Una dehesa que tiene color y es olor. Las riberas del Alagón son frondosas arboledas de chopos, alisos, sauces y álamos. Sí, la naturaleza es espléndida en la capital de la comarca, pero el legado histórico que atesora no es menos.

Impresiona comprobar lo bien conservada que está su imponente muralla romana, con cuatro puertas y más de 20 torres, cuyo trazado nos lleva hasta el Palacio de los Duques de Alba, fortaleza antaño, al que merece la pena entrar para conocer su patio gótico y su jardín-mirador renacentista. La robusta fortificación da cobijo a un conjunto histórico-artístico donde la Catedral de Santa María de la Asunción, un monumento gótico barroco, luce la suntuosidad con que fue concebida en el corazón de la ciudad. Muy cerca y del mismo estilo, convertido en hotel de lujo, está el Palacio Episcopal, desde donde se puede ver el tejado del convento de La Madre de Dios, en el que es posible saborear los dulces que elaboran las monjas franciscanas. Y, para saciar la curiosidad, en la Cárcel Real nos citarán, pero porque es la actual sede del Museo de la Ciudad.

Extramuros, nos espera el Santuario de Nuestra Señora Virgen de Argeme y, lo más curioso: un puente sin río. Si antaño el Puente Seco cruzaba el río Alagón siguiendo el trazado de la cañada real romana, tras el terremoto de Lisboa en el XVIII el cauce se desvió y ahora el caminante lo descubre sobre un campo cultivado.

Desde la parte alta de la ciudad, al caminar por Coria sentimos aquella ciudad espléndida que fue, y la disfrutamos con todos los sentidos, gracias a sus famosas fiestas de San Juan y a una suculenta gastronomía: productos típicos de la matanza del cerdo, migas tradicionales, escabeches de barbos o tencas, diversa variedad de platos con base de boletus, repostería popular de roscas bañadas, coquillas, floretas, perrunillas o las propias elaboradas del convento. 

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