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Écija

Belleza barroca en torno al río Genil

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Al mirar a sus limpios cielos se comprende por qué también se la llama popularmente “la ciudad de las torres”: hasta una veintena de este tipo de construcciones se alzan con sinuosas formas y colores. Una vez en Écija, los viajeros se maravillan con la visión de la “ciudad más barroca de Andalucía”; un lugar cuyos monumentos poseen un estilo propio, el barroco ecijano. Esta singularidad se representa en sus iglesias, como la de Santa Bárbara -edificada sobre un palacio romano-, y la iglesia de Santa María, que es como entrar a un lujoso palacio lleno de motivos geométricos dorados sobre fondos azules; palacios como el de Benameji, todo un ejemplo de arquitectura civil ecijana, y la exquisita terraza enrejada del palacio de Peñaflor, y las casas señoriales con sus impresionantes portales llenos de arcos en torno a unos patios que huelen a hierbabuena y cítricos. No es de extrañar que toda la ciudad esté considerada conjunto histórico artístico.

Aparte del barroco, en las calles de Écija descansan vestigios de construcciones árabes, como el arco mudéjar de Santa Cruz; o romanas, como el estanque, los restos de un templo del siglo I y sus pavimentos. También hay piezas arqueológicas de ambas civilizaciones, e incluso anteriores, expuestas en el museo Histórico municipal -en él hay un antiquísimo broche prerrománico recientemente recuperado-, y en el parroquial de Santa María, de carácter sacro. Ese es el espíritu de la Écija más clásica, pero es que también hay un espíritu ecijano más contemporáneo que mana por sus estrechas calles de casas encaladas. Todas ellas confluyen en la plaza de España -conocida popularmente como “el Salón”-, punto de encuentro del ambiente de la ciudad representado en unas terrazas y tabernas llenas de la “solera”. El lugar adecuado para probar su 'sopa de gato', sus yemas o la repostería que elaboran en sus conventos.

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