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El Manzano

Ruta urbana para descubrir el pasado y el presente

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A 29 kilómetros al oeste de Ledesma se encuentra la localidad salmantina de El Manzano, un tranquilo pueblo que invita a visitar su patrimonio cultural a través de una ruta señalizada que parte de la iglesia y que ofrece todo tipo de información turística a quien la realice mediante paneles que contienen códigos QR, que pueden ser leídos con cualquier smartphone.

Así pues, el primer lugar de interés para conocer El Manzano es la Iglesia de San Julián Mártir. Como muchos templos, su construcción fue variando con el paso de los siglos, pero encontramos sus primeros vestigios en el siglo XIII. Su interior, de una sola nave, luce arcos fajones de grandes dimensiones, siendo el más cercano a la cabecera del templo de medio punto y con impostas con motivos vegetales como decoración. El coro, de madera, se encuentra situado sobre una pequeña capilla en la que se encuentra la pila bautismal. En el interior de la Iglesia de San Julián Mártir también se pueden encontrar algunos frescos, en un estado de conservación bastante bueno. Además se puede observar el artesonado de estilo mudéjar, de finales del siglo XVI o principios del XVII. En cuanto al exterior de la iglesia, realizada en sillería de granito, destaca la portada con arco de medio punto y el atrio techado con columnas de granito. 

El siguiente punto del recorrido lleva a la Panera, un edificio de 1920 donde antiguamente se almacenaban los cereales. Unos cereales que, en parte, acababan en el siguiente lugar de la ruta, la fábrica de harina Molino Harinero de Sofía de la Bondad, que data de principios de los años 30 del siglo XX. Este edificio, cedido por los herederos de la familia al Ayuntamiento, que lo ha rehabilitado, permite ver cómo era un molino por dentro. Se conserva la maquinaria completa y en buen estado.

La Fuente Las Eras, que servía para el abastecimiento de agua a los vecinos y también para lavar la ropa en sus pilas, es el siguiente punto de la ruta urbana. Se trata de una construcción de losas de granito que data del siglo XVIII o XIX y que cuenta con escaleras interiores que facilitaban la recogida de agua.

Siguiendo por la calle Delicias se pueden ver los restos de las aceras de granito que caracterizaban al pueblo y también una pila de granito donde se lavaba la ropa de la casa a la que pertenece. Más adelante, en la calle del Frontón, se encuentra un ejemplo de la típica casa residencial de la zona que data del siglo XIX, con la vivienda familiar y varias dependencias anexas para diferentes usos como el pajar, la cuadra o los corrales.

El corral concejo y el potro, del siglo XIX, recuerdan la importancia de la ganadería en la zona en una época no muy lejana; mientras que la fuente de estilo romano, pero que data de los siglos XVIII o XIX, permite rememorar la costumbre de ir a buscar agua cuando ésta no corría por las casas. Por último, la Plaza Propia permite sentarse a descansar y disfrutar del entorno, donde se aprecia el conjunto urbanístico y arquitectónico propio de la zona, con mampostería de granito.

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