Geria

Castilla concentrada

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Aprovechando que el Duero y el Pisuerga pasan por Geria, encontramos una localidad pucelana llena de encanto histórico. Parece que la tranquilidad que se respira en esta tierra de Castilla alargue la vida de la localidad que cuenta, incluso, con escuelas que tienen más de cien años. La iglesia tampoco se queda atrás. Las calles que se rompen unas entre otras en trazado irregular dibujan una villa que se concentra en torno a Nuestra Señora de la Asunción, un templo del siglo XVI. Los cipreses de la iglesia gótica, también de avanzada edad, contrastan con la villa castellana, repleta de casitas con escudos medievales y en la que no existen los edificios de altura (propios de las grandes ciudades) pero predominan los tejados a dos aguas de colores anaranjados. Esta tierra permite disfrutar no solo de la paz de la meseta sino del sabor de sus asados y carnes entre las que destacan las codornices, que sobrevuelan los campos y prados del suroeste de la capital pucelana. Un sosiego que se ve sobresaltado durante las fiestas patronales, que desafían la tranquilidad general que se respira, dos veces al año. En febrero la algarabía se sucede cuando todo el mundo se echa a las calles a pedir la famosa `rosquilla’ en la fiesta de San Blas, mientras que en agosto, veraneantes y autóctonos se reúnen en peñas infundados por la tradición, el teatro y el sabor de la paella (que se reparte por todo el pueblo) durante estas fechas.

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