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Gilbuena

Una Teta habitada desde la prehistoria

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Localidad de unos 70 habitantes con acceso por un desvío desde la carretera AV100. Al oeste, ya en la provincia de Salamanca, pasa la A66 (autovía de la Plata). Dista de Ávila 101 km.

Gilbuena se asienta justo en el límite entre las estribaciones de una sierra, la de Béjar, y un valle, el de un Tormes que acaba de dejar atrás El Barco de Ávila. Junto al pueblo pasan el río Becedillas y el arroyo Matarruya.

Esta posición permite al término variar entre sotos y vegetación de ribera, abundantes pastizales cercados, terrenos agrestes de lanchar y berrocales, más las lomas pobladas de encinar y algunas manchas de roble y castaño.

El caserío conserva ejemplos de arquitectura tradicional ganadera, en sillarejo con el cerco de ventanas y puertas formado por grandes sillares, también presentes como refuerzo en las esquinas. Queda algún portón de corral con el típico tejadillo encima. Y alguna balconada sobre grandes ménsulas, propias de esta esquina de Ávila ya con influencia salmantina. Aunque también se ven más al este, junto al macizo occidental de Gredos.

Lo más original de la iglesia de Santa Marina es su emplazamiento en pendiente, con desnivel bastante para que la torre, en la zona más alta, arranque casi a la altura de la techumbre de la nave. Por eso parece tan esbelta. Y solitaria como una atalaya desde algunos ángulos. El terreno inclinado hace que el muro de la nave vaya ganando altura a medida que desciende. Le añade personalidad el tejadillo apoyado en dos contrafuertes y dos columnas.

La pieza cultural más valiosa de Gilbuena es a la vez natural. El cerro de la Teta se llama así por su promontorio rocoso sobre laderas cubiertas de encinas. En sus alrededores se ha estudiado un yacimiento calcolítico y los arqueólogos han devuelto al presente objetos cotidianos como punzones de doble punta o molinos barquiformes. Los restos también incluyen un círculo megalítico de grandes piedras con formas redondeadas.

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