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Guisando

El piropo de Camilo José Cela

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Localidad de unos 530 habitantes junto a la carretera AV-P-713, que conecta al sur con la AV924 cerca de Arenas de San Pedro. Dista de Ávila 90,3 km.

Se pronuncia Guisando y muchos piensan “Toros de”. En realidad este famoso grupo escultórico de verracos vetones está en El Tiemblo. Pero a Guisando no le hacen falta. Lo compensa con una de las combinaciones de patrimonio y naturaleza más generosas del sur de Gredos, en el límite del Parque Regional y en pleno valle del Tiétar. Mereció la categoría de Conjunto Histórico Artístico y Pintoresco a mediados de los años setenta del pasado siglo.

Microclima suave en la ladera sur del murallón. Un término que desciende abruptamente desde las cimas hasta casi la vega del Tiétar, en la frontera con Toledo. Estas dos cualidades lo convierten en un botánico creado a medias por la naturaleza y por el ser humano. Encinares, alcornocales y jarales al sur; a continuación pinares y bancales de frutales (cerezos, olivos, higueras, castaños, nogales, melocotón, algo de vid…); robledales de tipo rebollo y quejigo antes de los enebros y servales; pastos y piornos en las cotas más altas, al pie de roquedos verticales y de cimas como el Torreón de los Galayos, la Mira, la Covacha o el Arbillas. Alisos, fresnos y sauces en algunos tramos de ribera.   

Entre bastantes ejemplares de árboles centenarios, dos pinos tienen nombre propio: el Víbora, resinero, más de dos siglos, y el Bartolo, albar que, dicen, supera el medio milenio.

Desde las cimas descienden arroyos, gargantas y ríos como el Pelayos (pasa junto al caserío) y el Cuevas, a veces encajonados entre rocas y lanchares, con saltos y piscinas. Charco Verde o Charco Risquillo, por ejemplo. A algunas bañeras les decían marmitas de gigante por su pulida forma circular, como labradas a mano y no por el agua.

Escribió Camilo José Cela que Guisando, “al pie de los Galayos, es quizás el pueblo con más bellas vistas de toda España”. Aunque otros cientos de pueblos podrían disputar la frase, tiene su porqué el piropo de un escritor tan viajado. De lejos y de cerca, el caserío respira un aire andaluz o manchego por el encalado de las fachadas, incluidas las de la iglesia y su torre, algo singular en la sierra abulense.

Las callejuelas irregulares se adaptan como pueden a las cuestas y forman pequeñas plazuelas. Organizan un conjunto bastante homogéneo de casas tradicionales, altas para aprovechar el espacio escaso. Unas en revoque blanco, otras de mampostería, algunas de las más atractivas con entramados de madera. Muchas con aleros pronunciados, chimeneas espigadas como pequeñas torres. Balconadas y solanas sobre pies derechos y zapatas que sugieren inviernos no muy crudos y veranos calurosos de noches frescas.

Sorpresas de vez en cuando. Por ejemplo la casa Blanca, inspirada en la arquitectura marroquí, o la fuente Grande, de finales del XIX, una de las postales clásicas de Guisando.

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