Esta villa de la Alcarria, próxima a la capital Guadalajara (a 11 km), es un interesante compendio de culturas. Su desarrollo entre los siglos XVI y XVIII ha dejado huella en el Horche del siglo XXI. Las construcciones que se hicieron en esos tiempos son el reclamo actual para los numerosos visitantes que acuden a pasar el día.

Es un municipio tranquilo. Ideal dejarse llevar por sus calles y descubrir muchos rincones. El punto de partida debe ser su Plaza Mayor, con el ayuntamiento y fuente en el centro. Ligeramente inclinada, se pueden apreciar sus casas con soportales con columnas de piedra y galerías en la primera planta. A la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, de estilo renacentista (siglo XV), se llega pronto porque su torre es visible desde cualquier punto del pueblo. En su interior hay un artesonado atractivo y columnas rematadas con capiteles del Renacimiento. En el exterior, un atrio descubierto con barbacana. De allí, paseando por sus barrios de las Flores o el Albaicín (clara referencia a la población musulmana anterior a la Reconquista), se pueden visitar los lavaderos, obra del siglo XVI, de los mejor cuidados en la provincia.

En los alrededores hay varias ermitas, entre las que destacan la de la Soledad (patrona de Horche), la de San Sebastián (del XII) y la de la Virgen Dulce, ubicada en el paraje del Picuzo, un monte al otro lado de la carretera N-320 con unas extraordinarias vistas panorámicas a las vegas de los ríos Ungría y Tajuña.

También es buen sitio para realizar rutas de senderismo, disfrutar de las sombras de la Fuensanta y degustar su gastronomía, sobre todo algunos de sus dulces.

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