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La Floresta

Un castillo domina el llano

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En el deambular por el campo de Les Garrigues, entre las bulliciosas Borges Blanques y Arbeca, el viajero se topa con la Floresta, un pequeño municipio de poco más de 150 habitantes dedicados con empeño al cultivo del olivo y el almendro. Pero no solo se trabaja en la Floresta.

El núcleo urbano, que como en buena parte de esta tierra se abre sin estrecheces al viento, regala a su visitante buenos hitos arquitectónicos. Uno de ellos es la cruz neogótica que preside su plaza central; otro, su castillo gótico. Todo aquí parece tener el color uniforme de las canteras próximas a la población.

Un Museo de la Piedra da fe de la dedicación del pueblo a este material. El edificio del castillo se levanta orgulloso sobre el llano con una torre de base cuadrada que compite por la atención con la iglesia parroquial de Sant Blai. En el recinto del castillo merece la pena la exploración el antiguo pozo de hielo.

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