La Guardia

Memoria del Cid Campeador, veneración del Santo Niño

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La Guardia, situada en un alto, se convirtió en una defensa natural en la Edad Media, reforzada entonces con la construcción de una fortaleza que cuenta entre sus mayores glorias el hecho de haber prestado refugio a Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador. De aquel castillo queda en pie un torreón cilíndrico agarrado al corte de la colina, rodeado de cuevas habitadas hasta la segunda mitad del siglo XX, en la zona norte del pueblo.

Hay que visitar La Guardia sin prisas, que haya tiempo para callejear por las calles más antiguas del pueblo, para asomarse a la ermita de Nuestro Padre Jesús, antigua sinagoga en el siglo XV, para llegar hasta la plaza Mayor y admirar el señorial ayuntamiento y para conocer la iglesia neoclásica de la Asunción (siglo XVII, con una decoración interior excelente).

Pero el catálogo monumental es mucho más amplio, encabezado por el convento de los Trinitarios (siglo XVII), la casa de los Jaenes (siglo XVII), el pósito de la plaza Mayor (1672) y las cuevas de la zona alta del pueblo. Además, uno de los lugares de mayor interés para los vecinos y visitantes está a unos tres kilómetros del pueblo, la ermita del Santo Niño, construida en torno al siglo XVI y excavada en la roca caliza. Se trata de un monumento llamativo arquitectónicamente y de gran veneración local, destino de varias romerías durante el año. A finales de septiembre se celebran las fiestas patronales en honor al Santo Niño.

A las afueras del pueblo hay otros dos lugares que merecen la visita: como elemento natural más destacado, el cerro de la Atalaya; como destino para los amantes del enoturismo, las Bodegas Martúe.

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