Llamas de la Ribera

En el centro de la tierra leonesa

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Ocupar el centro de la provincia leonesa es algo para tomárselo muy en serio. El pueblo Astur, antes de la llegada de los romanos, decidió asentarse en estas tierras y por algo sería. Desde aquel momento siempre ha habido humanos sacando lo mejor que esta comarca ha sabido dar.

Siglos más tarde, esta vega del Órbigo dominada por el Castro de las Coronas de Tardepanes cayó bajo el yugo romano, que decidió llamarla Valdellamas. Por sus calzadas paseaban sus legiones transportando el oro de las Médulas de Villaviciosa. El cultivo del lino y la linaza propició la creación de molinos que, unido al comercio del grano y el tránsito de los cargamentos de oro, dio riqueza a su pueblo.

La caída de Roma sumergió a la península en los señoríos medievales, los monasterios y las abadías enfocados al culto a Dios, los viñedos y el control del territorio en las luchas contra la invasión árabe.

Encontramos hoy en la localidad la iglesia de Nuestra Señora de Santa María, un templo del siglo XVII en el que destaca su torre y campanario. En su interior, un altar mayor renacentista con influencias barrocas y diversas tallas policromadas. También en la localidad se encuentra la ermita del Calvario, una pequeña iglesia del siglo XVII dedicada a San Francisco, tras una aparición del santo en la zona por aquella época. Hoy, tras una cuidada restauración, se dedica a exposiciones culturales.

Si existe alguna oportunidad, merece la pena visitar el interior de sus casas, muchas de ellas con patios y corredores de grandes dimensiones. Se reconocen desde el exterior por los escudos nobiliarios de piedra que lucen en sus fachadas.

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