Muxía

Muxía

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¿Cómo iba a llamarse la virgen a la que este pueblo pesquero rinde homenaje todos los septiembres si no es la Virgen de la Barca? Muchos peregrinos, de hecho, ponen el broche final a su viaje a Santiago  en su santuario del siglo XVI. Estamos casi con un pie en la mar, en el fin de la tierra firme, en la Costa da Morte, en Muxía. Un término municipal que atesora tanta riqueza natural y patrimonial como parroquias engloba (14 en total). El caso es que la cifra de catorce se queda corta para enumerar todo lo que hay que ver en este viaje. Así que hay que sintetizar. Lo primero es sentarse a ver el mar desde el banco que hay en el Cabo de Touriñán. Si hay suerte podremos disfrutar del último rayo de sol de Europa continental. Cierto que solo ocurre dos veces durante el año: a finales de verano y al principio de la primavera. Pero no importa, porque la experiencia de ver atardecer en cualquier época del año en lo que un día fue la 'esquina' del mundo conocido, no tiene parangón. Como tampoco lo tiene pasear por su paseo marítimo o por sus preciosas playas donde va a romper el océano. Nemiña, Lourido, A Cruz o Playa de Lago son solo algunas de ellas. Monasterios medievales, iglesias centenarias, fuentes de piedra en verdes caminos que corren parejos al río, acantilados -como los de la Punta de Cachelmo-, eso es Muxía. Eso y mucho más. Lo último es parar en una terraza y grabar para siempre en nuestra retina todas las estampas del viaje ante un plato de percebes y una copa de Ribeiro.

Muxía rinde homenaje a todos los que contribuyeron a paliar el desastre ecológico que produjo el hundimiento del Prestige con un impresionante monolito titulado “A Ferida” obra del escultor Alberto Bañuelos y situado en el mirador de Pedra da Boixa.

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