Reina en el ambiente ese delicado aroma a mar, a pesar de que es la Ría de Pontevedra la que lo transporta en el aire. Las gaviotas sobrevuelan algunos tejados, los más próximos al agua, dejando sus graznidos reverberando entre las estrechas calles, sin perder de vista las bateas, el mejor lugar donde posarse. El consistorio da a la calle Convento en la que se puede ver de cerca la parroquia San Juan, un magnífico lugar donde aprender la cultura arquitectónica y genérica a través del museo con sus inmejorables exposiciones o la biblioteca que alberga. También, desde el mirador de Samieira se puede contemplar, a su vez, la isla de Tambo y cerciorarse de que la ligera brisa sigue y seguirá desplazando las hojas de sus eucaliptus, un árbol bastante común en Galicia. Para los turistas que no teman la relativa frialdad del agua podrán acudir a playas como la de Xiorto o Lourido y darse un baño o tomar el sol. Y si todavía les quedan más ganas de disfrutar y conocer culturalmente un lugar, al llegar la noche la diversión llega a Poio, donde, con las Fiestas de San Juan, verán cómo se amenizan los últimos momentos del día o llenar el estómago con las jornadas gastronómicas. 

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