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Santa Colomba de Somoza

Maragatería para todos los públicos

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Apasionante es la historia de la comarca de la Maragatería. Por sus desgastadas colinas del noroeste de León han pasado tribus celtas para explotar sus tierras y ríos, el imperio romano para extraer el oro de sus minas (en más de una docena de sus pueblos hay restos de explotaciones), la invasión árabe, la reconquista a cargo de los reyes leoneses y la influencia de la iglesia medieval a través de sus monasterios y obispados.

La primera referencia documental de Santa Colomba aparece en un texto de 1027 en el que se detallan las propiedades del obispo de Astorga. Durante los siglos de la alta y baja edad media, la agricultura y la ganadería conforman su actividad económica. Es llegado el siglo XVI cuando algunos campesinos, durante la estación de descanso de sus tierras, comienzan a utilizar sus animales de carga para ayudar en el transporte de los enseres de los peregrinos de León a Galicia (atravesando el paso del puerto de Foncebadón).

En el trayecto de vuelta, con mayor capacidad ociosa, empezaron a transportar algunos alimentos y artesanías a la meseta castellano-leonesa. Había nacido una de las principales actividades económicas de la comarca: la arriería. Los arrieros, desde el XVI al XIX, crearon un auténtico imperio en el transporte de la época y llevaron a la gastronomía de la meseta de salazones de pescado y otros productos del mar. Algunas de las exitosas empresas comercializadoras de marisco en Madrid durante el siglo XX tienen su origen en familias maragatas.

Hoy, sus valles y colinas son territorio de robles, brezos y encinas. Entre ellas pastan corzos, liebres y jabalíes; también el lobo, el zorro y la perdiz tienen presencia. Todo ello, unido a la bella y tradicional arquitectura maragata en piedra, ha creado un destino turístico cruzado por el Camino de Santiago que se ha convertido hoy en su principal actividad económica.

La iglesia parroquial de la Asunción, con su ábside románico del siglo XII, ha sido declarada bien de interés cultural. Su presbiterio semicircular cubierto con bóveda de horno es también del siglo XII.

En su gastronomía, protagonizada por el cocido maragato, tienen presencia, cómo no, algunos productos del mar: el bacalao ajo arriero, el congrio o el chicharro en escabeche. También las truchas, pescadas en los transparentes ríos Duerna y Eria, están entre sus platos estrella. Decenas de restaurantes, hoteles y casas rurales harán las delicias de los viajeros más exigentes.

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