Santa María de Huerta

Mucho más que el monasterio cisterciense

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Aquí no hay móviles que valgan: si decide llegarse hasta el monasterio circense de Santa María de Huerta, a la entrada de este acogedor pueblo soriano, se entiende que es para desconectar del mundanal ruido. Por aquí, sencillamente, no pasa el tiempo. Puesto que este cenobio cuya primera piedra se puso en 1179 hace funciones de hospedería (ofrecen alojamiento en sus 17 habitaciones, con pensión completa), uno puede pasear libremente por el claustro gótico-plateresco, el refectorio, el silo…, incluso asistir a los cantos tempranos de los monjes, aunque para eso hay que ponerse el despertador. En el monasterio está enterrada una de las bisnietas del Cid, doña Sancha, junto a su marido, don Pedro Manrique, segundo conde de Molina.

Aunque el monasterio dota de fama y nombre al pueblo que lo alberga, este tiene otros atractivos para el visitante. Uno de ellos es el palacio de la Marquesa de Villa-Huerta: tras la expulsión de los monjes en el siglo XIX —regresarían en 1930— parte de sus bienes pasaron a manos de doña Inocencia Serrano y Cerver, viuda del marqués de Villa-Huerta. Su segundo marido, el marques de Cerralbo, decidió construir esta casa-palacio junto a las antiguas caballerizas. A las afueras, destacan el fantasmagórico Castillo de Belimbre (siglos X y XI) y el castro ciclópeo (celtibérico), ambos en ruinas.

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