Torreblacos

Refugio de paz a pesar de las campanas

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Aún quedan en Torreblacos construcciones de adobe y mampostería de madera, típicas de la zona sureste de la provincia, lo que acentúa en el visitante la sensación de estar un lugar que parece detenido en el tiempo, donde impera la tranquilidad. Y así es, por más que el sosiego se interrumpa escandalosamente cuando las dos campanas de la parroquia de San Pablo Apóstol se ponen a tañer. La más pequeña, de 1928, tiene 80 centímetros de diámetro, pero de la conocida como Campana Grande (105 centímetros), fabricada en 1885, se dice que su sonido se oye a 18 kilómetros a la redonda. También tiene dos pequeñas campanas la ermita de la Virgen de los Dolores, una de 1836 y la otra de 1860. Muy cerca de la villa de Calatañazor y del nacimiento del río Abión, Torreblacos (que debe su nombre a las muchas torres que la adornaban en tiempos de dominio árabe) conserva restos de una calzada real en la parte este y de una antigua cañada real. Es también un punto de partida idóneo para rutas en bicicleta, como la que pasa por Calatañazor y Rioseco, con regreso a Torreblacos, atravesando el Valle de la Sangre.

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