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Valdeavellano

Un pueblo para dejarse llevar

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Llegar a esta villa alcarreña es viajar por una meseta: la que separa las cuencas del Tajuña y el Ungría. Cercana a Brihuega (16 km) y Lupiana (14 km), tiene diferentes atractivos para el viajero.

En un paseo por sus calles puede visitarse la iglesia parroquial de Santa María Magdalena, una pequeña y atractiva construcción románica, de finales del siglo XII con un elegante pórtico. Al lado está el Arco de los Labastida, familia propietaria del pueblo a finales del XVI, único resto de lo que fue una casona alcarreña. Se conserva el escudo familiar.

En la plaza del Ayuntamiento, se alza una elegante y alta picota del siglo XVI, rematada con cabezas de leones. Además, cuenta con dos ermitas: la de la Soledad y San Roque. También hay que destacar, en un paraje pintoresco y refrescante para el caminante, los antiguos lavaderos, la fuente de los siete caños y parte de un molino aceitero muy bien conservado. Valdeavellano participa en el proyecto de creación de un Espacio Natural Protegido a lo largo del cauce del río Ungría.

 

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