Valle de Sedano

El Románico y la Naturaleza desde el río

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Erosionados de belleza y rocas, nos asaltan los cañones de agua por el camino mientras la Naturaleza termina de pintar el horizonte que va conformando con el Ebro a su paso por Castilla. Como si del río se tratase, es posible fluir por el Valle de Sedano. Deslizarse hacia Valdelateja donde se encuentra una unión perfecta entre el Ebro y el Udrón, visible desde la pedanía aislada de Siro. Si por un momento dejamos el río a un lado y subimos hasta su cima, después de recuperar el aliento, la vista se fatigará con la preciosa panorámica que retrata este Valle. Una ermita nos recordará que estamos en terreno sagrado, es la de las Santas Centola y Elena.

Mientras serpenteamos los meandros y las angosturas del río, se alcanza Orbaneja del Castillo, un curioso municipio al calor de las tradiciones de Castilla. La poesía paisajística se percibe a cada paso. En el medio, descubrimos su curioso corazón cristalino: la cueva del Agua. El resto de su cuerpo es de piedra, y lo forman preciosos cañones; una especie de muralla natural que, desde lo alto, gobiernan el paso a la luz del sol y convierten a Orbaneja en un lugar encantador. Allí ‘El beso de los camellos’ nos espera, solo hay que buscar entre las formas de las rocas a estos animales. No hay porqué preocuparse, es muy fácil. Orbaneja llama la atención no solo por su animada plaza de bares y restaurantes o su corazón de agua cristalina. Y es que aquí una cascada atraviesa el pueblo, vertiendo sus aguas en el Ebro.

Mientras seguimos el discurrir del agua uno se da cuenta como ésta modela el paisaje. Cortiguera es buen ejemplo de ello, aquí los caseríos se construyen hasta en los precipios del río y, además, se puede contemplar las ruinas de sus nobles casonas. Pesquera del Ebro, con sus construcciones tradicionales y los múltiples escudos blasonados de los siglos XVII y XVIII que embellecen sus fachadas, ofrece el mejor mirador de toda la localidad. Aquí el río no iba a ser menos. Un puente del medievo lo cruza llevándonos hasta la ermita de San Antonio, al otro lado del agua.

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