No, no es la Provenza, es Guadalajara

Jugando entre campos de lavanda

Un mundo de sensaciones. Foto: Johanna Saldón.

Hay un lugar escondido en Brihuega de campos teñidos de morado con un ejercito de flores intensas que evocan la vida de siempre. Corre entre las hileras y aspira ese intenso olor a ropa limpia, a campo, a familia. Celebra la fiesta de la recolecta de la lavanda el 15 de julio. Escápate con tus hijos y deja que almacenen en su memoria sensorial un instante tan único.

Me enamoré de este lugar con solo ver una foto. Creí que era la Provenza, pero al leer el pie de foto descubrí que lo tenía muy cerca. En Brihuega, a solo 97 kilómetros de Madrid existe este paraíso púrpura. Así que no lo dudé: metí a los niños en el coche y puse rumbo a Guadalajara sin tener muy claro si encontraría los campos y si de verdad serían tan maravillosos.

Y sí, los campos de lavanda de Brihuega nos estaban esperando y nos regalaron una tarde inolvidable. Y allí estaba la "foto" que había visto antes. Esos campos era tan reales y maravillosos como los esperaba. Recuerdo el primer contacto visual al descubrirlos. Os confieso que nos costó un rato encontrarlos y por un momento creí que tendríamos que regresar a casa sin encender la cámara. Pero preguntando se llega a Roma, ¿no? Pues nosotros llegamos a los campos de lavanda. Os dejo las coordenadas GPS que yo utilicé para llegar: 40°45’27.8″N  2°46’51.8″W.

Johanna junto a su bebé en los campos de lavanda. Foto: Johanna Saldón.

Nada más ver las flores de lavanda bajamos las ventanillas y nos dedicamos a recorrer campos y campos disfrutando de este precioso entorno. Los niños atrás, ojos abiertos como platos. Adoro compartir con ellos este tipo de sensaciones.Porque las alfombras violáceas y púrpuras de espliego y lavanda no solo son bonitas, sino que también huelen. Y poner los pies allí es toda una experiencia sensorial de las que a mi me gusta vivir en familia. Los pequeños aprenden, disfrutan, preguntan… y yo vuelvo a ser un poco niña con ellos.

Este gran espectáculo de la naturaleza se repite cada año y me sorprende que aún no esté masificado y sea poco conocido. De ahí, por supuesto, parte de su encanto. Compartirlo crea remordimientos porque es un sitio que apetece disfrutar a solas. Llevo mucho tiempo queriendo visitar la Provenza, y a pesar de que he recorrido con mis hijos muchas zonas de Francia, aún la tengo en mi lista de 'pendientes'. Con los campos de Brihuega he saciado mi antojo, al menos hasta el año que viene.

Recorrimos los campos, olimos las flores, les explicamos a los niños que detrás de esas flores hay un año de mimo y cuidados, y que en julio comienza la cosecha. E hicimos decenas de fotos… cómo no, es un paraíso de color que invita a pasear, oler y hacer fotos, muchas… todas.

Muy cerca encontramos también campos de girasoles, así que si te animas puedes hacer sesión de fotos completa. Mis hijos también quisieron bajarse y caminar entre ellos. Pero se nos acababa el tiempo y los disfrutamos poco. Tocaba bibe y cena, por lo que condujimos hasta el pueblo. 

"Me enamoré de este lugar con solo ver una foto". Foto: Johanna Saldón.

Brihuega también fue una grata sorpresa. Las calles y el ambiente se visten igualmente de lavanda esos días. Desde allí se organizan visitas guiadas a las campos todos los sábados de julio. Todo está precioso: adornado con bandas moradas que cruzan de casa a casa sus calles. Brihuega es una continuación del espectáculo de la naturaleza que hay cerca.

El morado manda. Todo es de ese color. Nos encontramos hasta con una banda de música recorriendo el pueblo. Sí, tuvimos suerte para haber improvisado la visita. Fue un día completo. Después buscamos una terraza con ambiente y cenamos allí, en su plaza, al aire libre. Los niños estaban felices, les había encantado el plan.Para mi fue inolvidable, una de esas tardes que una improvisa sobre la marcha y que luego recuerda con cariño años más tarde. Todo encajó.

Si te apetece ir, te advierto: hay que estar atento porque el mejor momento para disfrutar de la floración en todo su esplendor dura solo unas semanas, al igual que ocurre con los cerezos del Valle del Jerte. Este año el Festival de la Lavanda se celebrará el fin de semana del 15 de julio. ¿Y en qué consiste? En ir de blanco y escuchar música rodeados de campos morados. Por un poco más puedes quedarte a cenar allí mismo, entre flores violetas. No es la Provenza, vale, pero no tiene nada que envidiarle. Y, sin duda, esta floración es uno de los grandes placeres del verano.

Detalle de la flor. Foto: Johanna Saldón.

Información práctica si vas con niños

PARA COMER: En Briguela hay que probar el plato estrella de esta zona: el Cabrito. Si a tus hijos les apetece disfrutar de este manjar no dudes en acercarte a 'La Princesa Elima', uno de los restaurantes más famosos del pueblo por su cabrito al horno, que sirven en fuente de barro con cama de patatas panaderas. De visita obligada si quieres comer por la zona.

PARA DORMIR: 'Hotel El Salero'. Situado a 14 kilómetros de Brihuega, es uno de esos alojamientos rurales en los que uno se siente en casa cuando cruza la puerta. Sus habitaciones tienen mucho encanto y los dueños son muy atentos, siempre pendientes de que todo esté a gusto del huésped. Desayunar allí es darse un homenaje sin prisa.

PARA JUGAR: Jugar es la máxima cuando vas con niños, y para ellos los jardines y espacios verdes son perfectos. Mis preferido son los jardines de la Real Fábrica de Paños, compuestos de setos, pérgolas, mesas y, sobre todo, las mejores vistas de la ciudad. Otro lugar que no debes perderte es la Fuente de los Doce Caños, a los niños les encanta ver cómo el agua sale a la vez por todos los caños.

Una experiencia que te hace volver a ser niño. Foto: Johanna Saldón.

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