'Toilette y vestidor' en el Museo del Traje (Madrid)

Un viaje en el tiempo a la hora del baño

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La actividad 'Toilette y vestidor' se engloba dentro del Ciclo Histórico del Museo del Traje de Madrid.

Asistimos a 'Toilette y vestidor', una actividad muy especial organizada por el Museo del Traje de Madrid para conocer los detalles de la vida de nuestros antepasados a través del aseo y de sus ropas.

No hace falta ser un loco de la moda para hacerse preguntas sobre cómo se las apañaban nuestros antepasados, especialmente ellas, para sobrevivir a su día a día con esos ropajes tan vistosos  que vemos en las películas y series de televisión históricas. ¿Cómo era andar por la calle llevando un miriñaque? ¿Cómo, apretándose tanto esos corsés, podían luego comer ni siquiera una aceituna o podían correr para coger un tranvía? Y lo que más curiosidad produce entre los más peques: ¿cómo porras iban al baño?

Museo del Traje de Madrid
La contemporánea fachada del Museo del Traje contrasta con las vestimentas de las modelos.

Para responder a todas estas preguntas y muchas más que ni siquiera se nos han ocurrido, nos acercamos una soleada mañana de sábado al Museo del Traje de Madrid, uno de los museos dedicados a la moda de nuestro país (y uno de los mejores del mundo según el gran Hubert de Givenchy). El museo tiene preparada una actividad muy especial dentro de su Ciclo Histórico. Un ciclo que desde hace más de diez años se lleva a cabo de la mano de la experta Ana Guerrero, historiadora, miembro del Departamento de Difusión del Museo del Traje, y que a través de un personaje histórico permite a un grupo de visitantes hacer un viaje en el tiempo para conocer más sobre la vida en aquel momento y, por supuesto, sobre su indumentaria.

Museo del Traje de Madrid
Coordinación y maña desde las primeras capas.

Pero, como nos explica la propia Ana Guerrero, 'Toilette y vestidor' es una actividad didáctica un pelín diferente que explica la evolución histórica del concepto toilette a lo largo de los siglos. Y lo que más nos interesa: cinco mujeres van a escenificar, con indumentaria recreada con la máxima fidelidad, el proceso de vestirse de las damas del siglo XIX. En concreto estamos hablando de cuatro etapas de la centuria: primer Romanticismo (de los veintitantos a los treinta y tantos), pleno Romanticismo (desde mediados de los años 30 hasta 1868), periodo del segundo polisón (más o menos desde 1883 a 1888), vestido de sociedad de hacia 1890, y vestido directorio de en torno al 1906.

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A veces no era suficiente con tan solo una doncella.

Para los que no han puesto nunca un pie en este museo cabe resaltar que la visita merece la pena, no solo por la impresionante colección de vestimenta de todas las épocas que alberga, que hará las delicias de los apasionados de la historia y de la moda. También los jardines que lo rodean merecen el paseo hasta esta zona de Madrid, especialmente en calurosas mañanas de mayo, en las que ofrece un refugio fresquito gracias a su vegetación y fuentes.

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La audiencia observa cómo se viste una dama del siglo XIX, paso a paso.

Damas victorianas en paños menores, sí. Literalmente. Sin prácticamente nada puesto. Como nos hace notar Ana Guerrero cuando entramos en el salón de actos del museo, estamos ante una visión que no hubiera sido posible jamás en su tiempo, dada la moral y las costumbres de la época: cinco mujeres nos aguardan y apenas llevan lo mínimo para cubrirse, es decir, están en déshabillé. Inaudito. Nos sentimos como si nos hubieran teletransportado a un vestidor del siglo XIX y estuviéramos observando por una mirilla cómo estas damas aguardan a sus doncellas para comenzar a asearse y vestirse.

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No es un encuentro producido por una máquina del tiempo, aunque podría ser...

Fidelidad rigurosa

Sobre el escenario del salón de actos también han preparado una selección de objetos de la época, parte de la colección etnográfica del museo, también Centro de Investigación de Patrimonio Etnológico y con cerca de 26.000 objetos en sus fondos museográficos, que ayudan a ilustrar el proceso de la toilette: un bidé auténtico de 1880, una bañera de asiento y un delicado mueble que terminamos descubriendo que era un retrete…

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Una estampa así jamás se daría hace 200 años, ¡señoras en paños menores!

Pero antes de comenzar todo el proceso de toilette en directo, nuestra experta brinda a todos los asistentes una pequeña charla para explicar todos los entresijos de este proceso desde el siglo XVII, lee retazos de textos antiguos y va introduciendo a la audiencia, pasito a pasito en un viaje en el tiempo que lleva hasta principios del siglo XIX. Como ella misma explica, al ser la indumentaria algo tan ligado a la vida de las personas y, además, un fiel reflejo de la sociedad y de sus diferentes aspectos –sistema político, tecnología, cultura, economía...–, es un vehículo imprescindible para conocer tanto la historia cotidiana como la Historia con mayúsculas.

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Mientras las damas se visten, Ana Guerrero va explicando los detalles.

Y por fin llega el momento más esperado para todos. Con la ayuda de Yolanda Blanco y su hija –miembros del Club Fin de Siglo, un grupo de recreadores históricos amantes de la moda– se ha reproducido con toda fidelidad y de manera muy rigurosa el vestuario para cinco damas de cinco décadas distintas del siglo XIX. Desde la primera hasta la última prenda que toda dama que se preciara tenía que llevar. Y es que es imposible que hoy en día nos hagamos una idea del tiempo que se necesitaba para vestirse. O la ayuda, incluso, porque tal y como nos explica Guerrero, era imposible que una mujer pudiera hacer todos los cambios que necesitaba sin la ayuda de su doncella personal.

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Así se colocaban las faldas hacia 1890.

Empezando por la dama de la década del Primer Romanticismo vamos asistiendo poco a poco al ritual de tocador y vestidor de cada una de ellas, viendo cómo se van sumando telas a la sencilla camisa original, a veces con hasta seis capas de enaguas, corsés, cubrecorsés y todo tipo de rellenos para conseguir la silueta que estaba de moda en cada una de las décadas.

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Inconfundible el sombrero típico del primer Romanticismo.

Una de las cosas que más llama la atención a las niñas que nos acompañan es la cantidad de cosas que debía llevar encima una dama, incluso en los días más calurosos del verano, y la poca libertad de movimientos que tenían. En algunas épocas, no solo eran los corsés terriblemente apretados los que restringían los movimientos, también otras piezas como la crinolina o el polisón. Estos alcanzaron tamaños tan descomunales que no nos extraña nada que muchas sufrieran terribles accidentes o terminaran envueltas en llamas porque se arrimaban demasiado al fuego sin notarlo. Además de todas estas piezas, también había metros y metros de faldas y sobrefaldas, abrigos, capelinas, mantones, chales, guantes, mitones, sombrillas, sombreros y abanicos.

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Guantes largos con tiaras y gorras en la misma imagen.

Oscar Wilde y el Vestido Racional

Nombres como el del famoso Oscar Wilde y su esposa Constance Lloyd aparecen en el discurso de Ana y nos introduce en la sociedad a favor del Vestido Racional. El escritor había perdido a dos de sus hermanas en sendos incendios de sus vestimentas y abogaba por modernizar las prendas y simplificarlas para que fueran más naturales y acompañaran los movimientos del cuerpo de manera fluida, sin restringirlos o deformar la figura. Y es que el uso de corsés extremadamente ajustados, como el que lleva la dama de fin de siglo de 'Toilette y tocador', también provocaba mareos frecuentes por las dificultades para respirar, la indigestión o, como cuenta Ana, las hemorragias internas o los órganos expuestos a graves daños al tener que modificar su posición natural para amoldarse a la nueva fórmula ósea.

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De izq. a dcha, el vestido directorio de 1906, el del pleno Romanticismo, el de 1890, el del primer romanticismo y el del segundo polisón.

Con nuestras cinco damas ya vestidas, los asistentes salen a los jardines del museo para hacerse fotos y hablar con cada una de ellas y así intentar entender cómo se sienten en su papel de mujer victoriana. Fascinante es la conversación con Yolanda Blanco y su marido Juan José, también miembro del Club Fin de Siglo. Esta recreadora de la moda del XIX cuenta cómo es el proceso de fabricación de cada una de las toilettes que ha traído hoy al museo, cómo estudia cuadros de la época, libros e investiga exhaustivamente para conseguir esa rigurosidad a la que hemos asistido hoy. Y como luego, utilizando su imaginación y mucho ingenio, consigue convertir una panera que ha encontrado en una tienda de Todo a Cien en un tocado de una dama de 1850.

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En 40 años la moda puede cambiar radicalmente.

Historiadores, curiosos de la moda, interesados en la etnografía o niños con más inquietudes de las que pueden contener en apenas 1.40 metros de estatura, todo el mundo está deseando hacer sus preguntas. Y como comenta Ana Guerrero, tanto esta actividad como las otras que se desarrollan en el museo, especialmente las visitas (de las cuales hay diferentes tipos, dependiendo del enfoque: literarias, tecnológicas, en relación con la evolución social del papel de la mujer, sobre personajes como Mariano Fortuny...), relacionan diversas disciplinas. "Desde la Historia a la Sociología, pasando por la Literatura…, creo que pueden, y de hecho interesan, a personas con muy diferente formación. Además cada visita la vamos adaptando siempre al nivel cultural de cada tipo de público".

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Los biombos, los sombreros y las sombrillas, muy presentes en las vestimentas.

Iniciativas como 'Toilette y tocador' han nacido también para dar más visibilidad al Museo del Traje. Un museo que, como nos comenta la responsable de la actividad, "no se termina de ver ni comprender con una o dos visitas. Siempre se pueden disfrutar nuevas prendas y asistir a nuevas experiencias". De momento, Guerrero aconseja aprovechar el Ciclo Histórico de este año, dedicado a la figura de la singular Isadora Duncan y que tiene lugar los últimos viernes de cada mes, a las 12 de la mañana, en tres salas del Museo.

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Un encuentro muy peculiar en los jardines del museo.

"Hablo del contexto histórico [de Duncan], incluida la vestimenta, y de su vida. Además, a finales de mayo programaremos una visita de Isadora por la tarde, como cada año, dada la gran demanda de público que no puede acudir por la mañana. Y seguramente en junio se interrumpa hasta septiembre". Pero también nos apunta que desde el museo se están planteando preparar algún acto especial sobre la danza de Isadora Duncan. Y como nos animan a hacer, en la página web del propio museo siempre podemos encontrar una amplia variedad de actividades programadas, visitas dinamizadas y talleres, diseñados para que disfrute toda la familia, incluso los más pequeños.

MUSEO DEL TRAJE - Juan de Herrera, 2. Madrid. Precio actividad: Gratuita. Precio entrada: de 0 a 3 euros. 
 

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