Con frutas, naturaleza e imaginación

Mesas de Navidad para comer ¡hasta los adornos!

La naturaleza es el decorado más sofisticado del mundo. Traslada un trocito a tu mesa y evita escenas, como cuando tu suegro se dejó el empaste al llevarse a la boca la figurita del Papá Noel con su nombre. Frente a los oropeles de estas fechas, tira de sencillez sin riesgos. Que todo lo que haya sobre tu mantel sea 'de verdad'. ¡Que se coman hasta los adornos!

Podría ser el bodegón navideño preparado para un pintor, pero no. A David Henríquez -fundador de Floreale junto con Antonio Rodríguez- le costó menos de una hora montar esta belleza. Claro que detrás hay una pensada de días y muchos años de experiencia. Todo se come, menos las piñas. Las ardillas se adelantaron con los piñones, que también podrían estar repartidos sobre el mantel. Frutas como la granada y el membrillo, o las Malus (manzano) del Everest, dan para contar historias a chicos y a grandes, mientras lisonjean tu mesa.

Semillas de granada se encontraron en la tumba de Tutankamón -a los egipcios les encantaba esta fruta- y en las columnas del templo de Salomón había granadas pintadas. Igual que en los mosaicos romanos de Pompeya. Sobre los beneficios de su zumo se podría hacer un tratado. Ah, pero el membrillo no es menos noble. Ya lo verás. 

Con la premisa de que todo o casi todo lo que adorne sea comestible y/o natural -sin bolas, figuritas, centros pretenciosos-, David ha elaborado dos propuestas. Una con unas frutas de temporada -"las verduras son más bien para la primavera"-, donde reina la granada. No pierdas de vista el telón de fondo. Es un bodegón de invierno, convertido en navideño con un par de toques sencillos. Para empezar el centro comestible, piñas dispuestas en S sobre el mantel marcan la base. No hace falta que sea el de hilo de la abuela, que luego hay que planchar.

Los elementos que el equipo de Floreale utiliza tienen el valor de la sencillez. Pueden ser recogidos en el campo o en los mercadillos. Además, son multiuso. La cesta de esparto artesanal te va a servir desde para guardar leños a recoger frutos. Las viejas canastas de fruta recicladas -ya las venden nuevas- harán de cajón de sastre decorativo en cualquier rincón. En cuanto al frutero para las granadas, es fácil de sustituir por el que tengas en casa. Al fondo y a mano, unas naranjas y manzanas, que al final no serán necesarias, pero igual a ti te cuadran. Son muy socorridas. 

La combinación del membrillo y la granada es un éxito asegurado. "Me encanta el membrillo, con su textura aterciopelada y la luz que da", comenta David. Es otra fruta noble, que te dará para la charla. Cuando tu suegra ataque con su receta del dulce de membrillo, mete baza y suelta que se cultivaba en Babilonia por sus usos en medicina. Y más curioso aún, el gran Nostradamus dejó varias recetas sobre dulce de membrillo. A ver si la suegra se atreve a competir con el tipo de las profecías. Observa la granada, para que quede despuntada rómpela contra el suelo. 

Hay dos normas clave que el equipo de Floreale recomienda a la hora de elaborar los centros o caminos de mesa. La primera, que la altura del adorno no impida la visión de las personas que tienes enfrente o a los lados. Es incomodísimo y de mal gusto. La segunda, que los olores de  lo que coloques sobre el mantel no compitan con el guiso que los anfitriones sirvan. La comida es la reina de la mesa, el entorno creado debe de estar destinado a hacer una reunión memorable del banquete más humilde. Las Malus Everest -manzanitas enanas- sobre el plato y el mantel dan otro toque de rojo. Con más de 15.000 años de historia, en las culturas antiguas, la manzana designaba a todas las frutas. Quizá la reputación del árbol vinculado al mordisco de Adán y Eva es injusta.

Con los mismos elementos también puedes montar una romántica cena, un tú y yo para recordar. La vajilla y las copas de cristal no pueden ser más sencillas. A los membrillos, las granadas y las Malus añade un par de velas para poder engancharte de los ojos de quien tengas enfrente. Las velas pueden ser un engorro si hay niños en la mesa, pero como dice David, dan el toque final cálido, especial. Si no te atreves a ponerlas sobre el mantel, utiliza una ventana, una esquina, un rincón de fondo y agrupa un montón de diferente tamaño, de forma que sus reflejos repartan calidez a la reunión. No siempre se las ve, pero están ahí.

Escapada matutina al bosque para lucir la mesa

Mañana de vacaciones navideñas. La casa rebosa de chicos y adolescentes gritones, pendientes de si Papá Noel será más generoso que los Reyes Magos. Los anfitriones -a menudo abuelos- están hasta el gorro. Los chicos no dejan de atracar la nevera de la cocina, donde se prepara la cena de la noche. Sacar a tanto trasto a dar un paseo al campo o al mercadillo, a buscar tesoros para adornar la mesa, será un detalle a agradecer. Los campos y bosques están repletos de bayas -rojas, anaranjadas, burdeos, moradas- que han dejado los duendes del otoño. Con mucho menos que todo eso, David ha montado un centro para epatar a la más recalcitrante de las cuñadas.

Ha utilizado una cama de abeto -pino u otra planta de hoja perenne- con hojas de acebo macho -sin bolas rojas- unas ramas de seto de jardín -aligustre o similar- logrando tres tonos de verde para la base. En otoño abundan las bayas rojas, la más conocida el acebo hembra, pero los escaramujos del rosal silvestre o los Grateus, un arbusto originario de Asia, están en muchos campos. Si encuentras endrinas moradas no las dediques al pacharán, te darán un aire diferente al centro. Si vas a recoger al campo con niños, cuidado con las espinas como la del escaramujo o la hoja del acebo.

Los tonos de verde, más los frutos rojos del rosal y unas velas pequeñas en vaso -las menos arriesgadas- dan un resultado navideño precioso y al alcance de mucha gente. Si el centro que ves además lo colocas con ayuda de los chicos, habrás contribuido a la armonía familiar y a limar tensiones, dos objetivos perseguidos con ahínco estos días.

Los tonos de verde diferentes son básicos. Son fáciles de sustituir por otras alternativas, incluida más de una variedad de pinos y abetos. Por algo el pino es un árbol muy presente en nuestro lenguaje. Empinarse, hacer el pino, más alta que un pino, en el quinto pino... son expresiones que abundan entre todos, porque en sus diferentes especies este árbol está en toda la península y sus tonalidades son bien diferentes. Recuerda: el atrezzo, el escenario de fondo, es siempre fundamental. 

La piña con el nombre también se puede hacer en casa, una vez que vuelvas del paseo con todos los chicos y grandes. Dos equipos, uno poniendo nombres para sujetar en las piñas y otro preparando el centro de mesa y luego poner platos y vasos, darán mucho juego. Y por cierto, con este centro es imprescindible que tengáis cerca una mesa opcional para apoyar la bandeja del asado (los carritos de ruedas de los 60-80 ¡están de moda!) o un trinchero-aparador de los de la abuela. Evitaréis problemas con el anfitrión al grito de "¡quita todo eso del medio, hacedme sitio!" con la cazuela en la mano.

¡Feliz noche o día!

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