5 rutas por los ríos de Málaga

Cinco rutas de agua dulce en Málaga para olvidar el calor

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El río Chíllar, en Nerja, tiene tramos para recorrer en familia.

Pozas de aguas claras, espesa vegetación y silencio parecen rincones imposibles en el sur de Andalucía. Pero la provincia de Málaga, una de las más montañosas de España, esconde algunas sorpresas entre su convulsa orografía. Varios ríos mantienen sus caudales vivos durante todo el verano, convirtiéndose en refrescantes alternativas a las playas y sus aglomeraciones, así como una estupenda manera de matar el gusanillo del senderismo en plena época estival. Estas son cinco opciones para saborear el estío entre preciosos paisajes de montaña, altas gargantas y la cantidad justa de adrenalina. ¿Te vienes?

# 1. Guadalmina (Benahavís)

1. Guadalmina (Benahavís)

Entre campos de golf y en la falda de la Serranía de Ronda, Benahavís se conserva como uno de los pueblos más cuidados de la Costa del Sol. A un paso de Marbella y Estepona, es famoso por la existencia de numerosos restaurantes con grandes terrazas. Pero también porque junto a su coqueto casco urbano transcurre el río Guadalmina, cuyas angosturas suponen una de las rutas de barranquismo más atractivas de Málaga. Con tramos a pie y otros a nado, su caudal suele ser constante y facilita una de las mejores experiencias deportivas de naturaleza en la provincia malagueña.

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El barranquismo malagueño por excelencia.

Su inicio, a la entrada del pueblo, regala el primer baño en el llamado Charco de las Mozas. Está rodeada de grandes adelfas, viñas salvajes y enormes pinos. Las ranas se esconden entre los recovecos y el musgo. Y sorprendentes libélulas azul turquesa revolotean por esta piscina natural que incluye –solo para los más experimentados y atrevidos– un salto de varios metros de altura. A partir de ahí, el cauce se estrecha e incluso hay zonas que parecen estar embovedadas totalmente y obligan a nadar durante varios metros en profundos tramos.

Libélulas azul turquesa y agua cristalina en el río Guadalmina.

No es excesivamente complicado, pero es recomendable realizar el trayecto con alguna de las muchas empresas que ofrecen todos los avíos y seguros del barranquismo. El trayecto es de apenas un kilómetro, pero con calma y ganas de disfrutar, saltar y nadar, se realiza en un par de horas. Un neopreno nunca está de más, porque incluso en pleno verano la temperatura desciende varios grados, ya que el trayecto va siempre en sombra. Unos escarpines o unas zapatillas que no resbalen serán también buena compañía. 

La parte final se abre desde un pequeño cañón hacia una charca. Allí, bajo un bonito puente de madera no apto para quienes sufren vértigo, se encuentra la llamada Playita de los Tubos, un remanso de agua a cuya orilla se encuentran a veces residentes de Benahavís con sus toallas y sombrillas emulando las arenas de las playas existentes unos kilómetros más abajo. La vuelta al punto de inicio se puede realizar por un sendero protegido y bien delimitado que transcurre junto a la carretera. La alternativa es volver paseando por la acequia que transcurre en la margen izquierda del río, pero solo para quienes sean experimentados. 

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Debajo del puente de madera se encuentra la Playita de los Tubos.
# 2. Río Chíllar (Nerja)

2. Río Chíllar (Nerja)

El río Chíllar es tan famoso y accesible que en los últimos años Nerja se ha planteado controlar su aforo para evitar daños al entorno natural. Desemboca en pleno núcleo nerjeño, entre las playas de El Chucho y El Playazo, pero su cauce se adentra 17 kilómetros en el Parque Natural Sierra de Tejeda, Almijara y Alhama, donde hay especies vegetales curiosas, como el boj de Baleares. Para realizar esta ruta, es recomendable usar escarpines o zapatillas que se puedan mojar, así como ropa de recambio. 

Un refrescante paseo de agua dulce.

La ruta arranca desde las afueras de Nerja y, desde ahí, se despliega río arriba por el propio lecho, que se va encajonando a partir de la vieja fábrica de luz –antigua central eléctrica– en un tramo apto para toda la familia. A partir de los llamados Cahorros del Chíllar, el entorno se vuelve espectacular: el cauce se va acotando en un estrecho cañón de roca y poca profundidad. Con los pies mojados, paso a paso y entre pequeñas zonas de baño, la ruta se desarrolla en un ambiente refrescante donde hay numerosos helechos y vegetación de zonas húmedas, poco habitual en Andalucía. También aparece alguna que otra caña de azúcar, que sirve como recuerdo del pasado dorado que tuvo esta planta en la zona. A veces, en días tranquilos, es posible ver a alguna cabra montesa que ha bajado a beber al río. 

Con suerte, el visitante se puede tomar con fauna de la zona.

Uno de los lugares más atractivos es el llamado Vado de los Patos. A siete kilómetros del inicio, es una preciosa poza donde disfrutar de un largo baño. Eso sí, a partir de ahí se complica el paseo y continuar requiere de cierta habilidad, así que es recomendable evitarlo salvo que se tenga mucha experiencia en montañismo. Para los aventureros hay sorpresas como El Tajo de las Palomas, una gran cascada de 20 metros de altura. "Además, al estar en una cota más alta, la flora es diferente, los animales están más tranquilos y se ven más", cuenta Antonio García, guía de montaña y chef del restaurante 'El Acebuchal' en el documental Río Chíllar, paraíso natural de Nerja, donde aconseja ir con mucho cuidado en la parte superior del cauce. El Ayuntamiento de Nerja, además, ofrece un sencillo mapa y otras recomendaciones –incluso dónde aparcar– para evitar pérdidas de tiempo.

La alta vegetación que enmarca el Chíllar ofrece sombras agradecidas.
# 3. Río Higuerón (Frigiliana)

3. Río Higuerón (Frigiliana)

El restaurante 'El Acebuchal' y la aldea que le da su nombre está a las afueras de Frigiliana, un precioso pueblo blanco de la Costa del Sol oriental con vistas al Mediterráneo y entorno montañoso. Cerca del imponente Palacio de los Condes de Frigiliana, que actualmente acoge a la fábrica de miel de caña Nuestra Señora del Carmen, parte una ruta que se adentra en el río Higuerón. Un cartel indica el fácil camino, que desciende desde el pueblo hasta el cauce, por el que hay que ascender con tranquilidad para disfrutar del paisaje y lugares como el Pozo de Batán, una vieja alberca del siglo XIX de aguas turquesas. 

La flora de Málaga, otro tesoro a cuidar.

El recorrido completo ida y vuelta alcanza los 21 kilómetros, aunque se puede acortar para hacer trayectos más ligeros y simplemente pasear por sus primeros tramos para darse un chapuzón y volver. El cauce ha ido excavando con mucha paciencia las montañas del Parque Natural Sierras de Tejeda, Alhama y Almijara, así que se mire donde se mire hay que levantar la mirada. Se ven entonces densos pinares salpicados de quejigos y encinas. Más abajo hay mucho esparto y los buenos aromas que ofrecen tomillo, lavanda y romero. A sus pies se mueven pequeños anfibios y coloridos lagartos ocelados que miran con una mezcla de curiosidad y temor. 

El paseo es mucho más tranquilo que el del río Chíllar, pero también más complejo por su orografía, así que es recomendable contar con un guía o, al menos, tener experiencia en este tipo de recorridos. En los ríos, como en la montaña, la precaución siempre es la principal regla a seguir. Además, también es más que recomendable usar escarpines o zapatillas que se puedan mojar, así como ropa de recambio. 

Hay zonas que son difíciles de fotografiar si no es con una cámara especial. Foto: Nacho S. Corbacho.
# 4. Río Caballos (Tolox)

4. Río Caballos (Tolox)

El municipio de Tolox es conocido desde hace décadas por sus aguas curativas. A principios del siglo XX se construyó allí un balneario que hoy sigue en funcionamiento y que es el único de España especializado exclusivamente en aparato respiratorio. Allí no hay que bañarse, sino inhalar vapores que son beneficiosos para la salud. El edificio está construido en la parte alta del pueblo y junto al río Caballos. Allí justo nace un precioso sendero que toma dirección a la cascada de La Rejía, el mayor salto de agua de la provincia de Málaga, pasando previamente por el Charco de la Virgen, una preciosa poza junto a una bonita catarata. 

La oferta de senderismo es envidiable.

Apenas hay que caminar para darse el primer chapuzón del camino. Prácticamente a la espalda del balneario se sitúan las dos primeras pozas donde chapotear junto a los pequeños peces que viven en el río. El sendero discurre desde ahí de manera paralela a la sombra de un pinar, atravesando en varias ocasiones el propio curso, repleto de coloridas adelfas y nerviosas mariposas de colores. 

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La cascada de La Rejía forma parte del itinerario.

Finalmente, tras tres kilómetros de caminata, el sendero alcanza el Charco de la Virgen, con una amplia poza para darse un chapuzón. Un kilómetro más adelante, por una senda ascendente, se alcanza la cascada de La Rejía, con más de 50 metros de altura divididos en tres fases. Un espectáculo que merece la pena saborear. Desde ahí se puede volver por el mismo camino de ida o seguir hacia adelante para volver al pueblo en una ruta circular. Eso sí, a partir de ahí ya apenas hay contacto con agua y el camino se endurece. 

A los pies, Tolox.
# 5. Arroyo Jaboneros (Málaga)

5. Arroyo Jaboneros (Málaga)

Como guinda de este refrescante recorrido por los ríos de Málaga, se encuentra el de más fácil acceso y, también, el de menor caudal. Se trata de un paseo por el arroyo Jaboneros, cuya desembocadura divide los barrios marineros de El Palo y Pedregalejo, en la capital malagueña. Es un poco más al norte, una vez superada la barriada de La Mosca y continuando por la calle Francisco Cilea, que en su tramo final se convierte en una pista de tierra, cuando arranca esta caminata. El punto de partida es fácil de observar: un puente de piedra de tres ojos que salva el cauce, al que se puede acceder fácilmente para recorrer el arroyo a contracorriente. 

El Arroyo Jaboneros se encuentra cerca de la ciudad de Málaga.

En la parte baja del cauce pierde la huella de agua en la época estival, pero basta remontarlo para ir encontrando poco a poco un pequeño caudal perfecto para refrescarse durante el camino. La ruta se va adentrando entre meandros por el Parque Natural de los Montes de Málaga, territorio de especies tan diversas como la cabra montés o el camaleón. Junto a la ribera es habitual observar antiguos molinos y cortijadas hoy ya en ruinas. Y, aunque se puede llegar hasta casi su nacimiento, también es posible dar la vuelta antes para pasar junto a la clásica carretera de las ventas de los Montes –quizá, para degustar un buen gazpacho fresquito– y, desde ahí, emprender el descenso de vuelta a Málaga.

 

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