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Aunque son días de intenso calor, cientos de personas se congregan en la popular playa la Cruz de la Cuenca de Pinedo para disfrutar y vivir de cerca esta tradición que se viene celebrando desde hace 180 años, coincidiendo con la Fiesta Grossa de la pedanía valenciana. Esperan disfrutar de la adrenalina y la belleza en estas pruebas, donde jinetes y amazonas compiten a lomos de caballos y sin silla de montar.
Trece caballos, 700 metros de arenal y casi dos siglos de historia. Agolpándose en las vallas muchos vecinos y algunos turistas miran expectantes, protegiéndose del calor con paraguas, abanicos y sombreros. Algunos se colocan en el paseo con sus sillas de playa para ver las carreras de lejos pero a la sombra. También algún despistado que estaba disfrutando de un día de playa y que, en bañador y chanclas, se acerca a ver qué pasa.
El evento comienza el lunes 10 de agosto por la tarde, cuando tiene lugar el pesaje y la revisión de los caballos. Las veterinarias municipales revisan que los corceles estén desparasitados, vacunados, con la documentación en regla y en perfecto estado físico, sobre todo bajo el calor sofocante de agosto. Ese día son los únicos entrenamientos en arena que tendrán, ya que los caballos tienen prohibido entrar a la playa durante el resto del año. Al acabar, algunos aprovechan para darse un chapuzón en el mar, ante la mirada atónita de los bañistas y los ladridos de algún perro enfadado por esa usurpación equina de la playa canina.
Muchos de los jinetes y amazonas compiten en les corregudes desde hace generaciones y, aunque tradicionalmente estas carreras eran con los caballos que se utilizaban en el campo, ahora lo hacen con animales que viven cuidados en las cuadras familiares. Mientras los cepillan, nos cuentan que ir a pelo cuesta mucho más, ya que hay que fortalecer las piernas. Además, al no llevar estribos, no tienen puntos de apoyo para levantarse, amortiguar los golpes o recuperar el equilibrio si el caballo hace un movimiento brusco. Correr sobre la arena añade un reto extra, ya que el peso del caballo se dobla, a diferencia de un suelo liso. Las patas de los equinos se hunden, lo que exige un esfuerzo extremo a las articulaciones, ligamentos y tendones, aumentando el riesgo de lesiones de los animales.
El martes y miércoles tienen lugar las carreras propiamente dichas. Pasadas las 18 h (nunca son puntuales, es lo que aquí se conoce como horario fallero), jinetes y amazonas corren los 700 metros de playa a lomo de sus caballos y sin ningún tipo de silla de montar. Lo hacen en unas carreras eliminatorias para conseguir convertirse, junto a sus animales, en los más rápidos de la competición. Las y los participantes se dividen en dos categorías (A y B), dependiendo de la velocidad que alcanzan. Todo ello amenizado con música de tabal i dolçaina y las arengas del speaker.
El público rebosa emoción, mientras los concursantes, vestidos con la tradicional indumentaria de saragüell y calzados con humildes alpargatas, se mantienen concentrados en la línea de salida. Primero, jinetes y amazonas hacen un paseíllo para que el público pueda contemplar la belleza de cada caballo. Algunos jinetes hacen acrobacias o muestran las gracias que han enseñado a sus cabalgaduras, reina el buen rollo entre los participantes y eso se contagia al público. Desde megafonía se advierte al público que no salga de la zona delimitada por las vallas y que despejen la pista del efímero hipódromo. Por fin, empieza la primera de las carreras.
Con el aviso de salida, todo el mundo estalla: gritos, vítores y el sonido de los animales inundan el aire. Estos vuelan sobre los 700 metros, levantando una nube de polvo que, iluminada por el sol de la tarde, crea una escena casi mágica. Los caballos galopan tan rápido como pueden, el público contiene la respiración hasta la meta. Otra de las carreras ofrece una salida lenta, que mantiene al público en vilo… En total, son seis carreras, que no duran más de un minuto cada una.
La estampa de los equinos volando literalmente sobre la arena de la playa ofrece una postal potente y hermosa, que nos devuelve a una parte de la tradición de la Valencia más genuina. La gente aplaude y vitorea cada una de las rápidas carreras y la tarde va cayendo, el cielo se tiñe de naranja y la luna se asoma. Al caer la noche y concluir la última carrera del día, los espectadores comienzan a dispersarse poco a poco, comentando las impresiones del evento, mientras las luces del puerto brillan a lo lejos.
El jueves es la última jornada de carreras. Sabremos quién es el triunfador o triunfadora de las corregudas y se entregarán joias y trofeos, cerrando el evento con una degustación de horchata fresquita para todos los asistentes.
Esta fiesta tradicional tiene su origen en los antiguos labradores, que competían por conseguir la preciada joia, un pañuelo de seda sobre una corona de laurel, que se regalaba a la mujer estimada al finalizar la carrera. Ahora compiten hombres y mujeres por igual. Este año 2026, las carreras coincidirán con el eclipse solar, así que hay que estar atentos por si hay variaciones en la fecha o el horario. También puede sufrir cambios si hay alerta por ola de calor o lluvias. Para ir hasta Pinedo puedes hacerlo en transporte público, con el autobús número 15 desde el centro, tiene parada en la Puerta de la Mar o la Ciudad de las Artes y las Ciencias, y en quince minutos llegas y, además, con aire acondicionado.
CORREGUDES DE JOIES. Pinedo (Valencia). Del 10 al 13 de agosto. Tel. 963 548 300 y 963 525 478
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