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En julio del año 2000, la Ribagorza más oriental alternó días de intenso sol con estruendosas tormentas de verano, de esas que primero ennegrecen el cielo para luego iluminarlo a base de rayos. Un panorama que en la montaña intimida a cualquiera, más cuando se descubren relámpagos cayendo en lugares insospechados. Así ocurrió en Montañana. Un rayo estalló en la parte más alta de la población, concretamente en lo que quedaba de la Torre de La Mora.
El torreón, en estado ruinoso, fue incapaz de resistir el impacto. Se desgajó en dos y parte se vino al suelo. Un reventón que sorprendentemente tuvo dos efectos. Primero la casi destrucción de esta atalaya de piedra. Pero al mismo tiempo, la detonación fue una llamada de auxilio para que las autoridades competentes acometieran un plan de recuperación de un pueblo que amenazaba ruina y abandono total tras una larga historia de más de mil años.
La propia Torre de la Mora marca los orígenes de la población. Se levantó allá por el siglo X, época especialmente convulsa en estos paisajes oscenses fronterizos entre cristianos y musulmanes. Si bien Montañana, aunque sufrió alguna que otra incursión, lo cierto es que siempre fue tierra cristiana gracias a los diversos torreones que dominaban los alrededores y las murallas que envolvían a sus habitantes.
También dentro de las murallas estaba la iglesia de Santa María de Baldós, excelente testimonio del arte románico en Ribagorza. Aunque no es el único templo de interés. Más abajo se encuentra la ermita de San Juan. Una y otra ya fueron consolidadas incluso antes de que cayera aquel rayo del 2.000. Pero ha sido durante este primer cuarto del siglo XXI cuando han recuperado su esplendor, como también ha ocurrido con el resto del núcleo histórico.
Un núcleo que una vez que la frontera con los “infieles” se alejó, fue creciendo y sobrepasó las murallas. El caserío se extendió por las laderas encajadas entre dos barrancos, el de San Juan y el de San Miguel, levantando las casas adaptadas a las pendientes y al trazado de calles serpenteantes, mientras que en la zona más baja se edificó el viejo Ayuntamiento abierto a un plaza llana donde podían reunirse los vecinos.
Esa casa consistorial o el vecino puente son obras del siglo XVI. Es decir, de un periodo alejado del belicoso medievo. Y es que Montañana alcanzó su pujanza con la paz de una asentada Corona de Aragón. No obstante, aquella prosperidad se evaporó. Primero la localidad quedó anclada en el pasado, luego languideció y al final la decadencia lo inundó todo. Acabando el siglo XX tan apenas vivía alguna persona de forma continua. Sus inmuebles estaban olvidados mientras sus dueños habían emigrado o residían en el cercano pueblo de Puente de Montañana, antaño barriada y ahora cabeza del municipio, con numerosos servicios ubicados junto a la carretera nacional.
En este estado fosilizado se hallaba la población cuando se emprendió su recuperación. Pero desde el primer momento se planteó que los criterios históricos habían de inspirar los trabajos, tanto a la hora de restaurar sus casas, murallas o iglesias como en cualquier otra actuación, es decir, reparando viejos caminos, muretes de los campos, el propio puente e incluso el trazado de unas calles que jamás han soportado, ni soportarán tráfico rodado. Se trató de rescatar el aspecto medieval del lugar y eso implicó trabajar con técnicas antiguas. Y cuando se ha recurrido a materiales modernos o se realizaron las canalizaciones pertinentes de nuestros días, todo se ha diseñado para que quede oculto. Ese es el encanto del pueblo. No solo cuando se contempla desde la carretera parece un testigo del pasado, también transmite idéntica sensación al pasear por sus calles.
El caso es que se han recuperado piedra a piedra sus murallas o su esbelta Torre de la Cárcel, o se han realizado labores arqueológicas para conservar los vestigios de la antigua abadía que hubo junto a la iglesia de Baldós. Al igual que pasadizos o callejas empedradas tienen la pátina de otra época. Y lo mismo se aprecia al visitar las casas que se han recuperado, como la singular Casa Roseta con su provocadora fachada curva.
Cuando se comenzó a proyectar la recuperación de Montañana se puso el foco en tres objetivos diferentes. Por un lado, la base de todo era restaurar el conjunto patrimonial que atesora la localidad. Tras eso ya se podía poner en valor a través de diversas iniciativas turísticas. Y para acabar, la mejora de inmuebles y sobre todo de instalaciones eléctricas y de agua harían que poco a poco volviera la vida.
La parte inicial es evidente que se ha conseguido. Fotos de hace no muchos años muestran un cambio drástico del conjunto y de los detalles. En especial en sus monumentos más señeros, sean el magnífico puente de un solo ojo o la ermita de San Juan que llegó a estar sin la bóveda que hoy protege sus pinturas murales góticas. Por no hablar del tesoro artístico más valioso: Santa María de Baldós. Solo por ver los capiteles esculpidos de su portada románica ya compensa la ascensión por las reviradas cuestas que llevan a ella. Pero además una vez se accede a su interior se descubre un templo que ha resurgido, tanto para ceremonias religiosas como para que los turistas contemplen sus pinturas, esculturas o se sienten en sus bancadas a empaparse con un audiovisual sobre la enorme riqueza medieval que atesora Montaña y su entorno ribagorzano.
Este vídeo proyectado sobre las piedras románicas es el colofón a las visitas guiadas que se hacen en la localidad. Unos recorridos que comienzan precisamente en la parte baja, donde se aparca el coche, para desde ahí irse adentrando en un conjunto histórico que lo mismo ha acogido algún que otro rodaje de época que es el escenario habitual de recreaciones históricas que por unas jornadas devuelven la vida medieval a Montañana. Sin embargo, la interesante, la vida actual también está regresando paulatinamente.
Cada vez son más los particulares que han rehecho sus viviendas. Eso sí, siguiendo los criterios estéticos y de conservación claves del conjunto. Si bien todavía queda bastante por hacer, porque este es un proceso lento. Montañana no se hizo en una hora, y su restauración tampoco. Sigue el proceso y se planifican los siguientes pasos a seguir. Mientras tanto luce de lo más atractiva.
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