Zonas de baño del río Bellós y el Cañón de Añisclo (Huesca)

El Olimpo de las pozas pirenaicas

Flotadores río Bellós
Varios tramos a lo largo de curso del río Bellós cuentan con pozas y piscinas naturales.

De los tres grandes valles que nacen a los pies del Monte Perdido, el cañón de Añisclo es el más impenetrable. Por los de Ordesa y Pineta se adentran anchas pistas forestales pero no hay quien se atreva con los desfiladeros de este cañón casi virgen que erosiona el río Bellós. Tan solo en la parte final, un pequeño y osado tramo asfaltado conforma una de las carreteras más sobrecogedoras de España. Esta vía arranca en la meca pirenaica de los amantes de los baños de agua dulce y continúa flanqueada siempre por pozas paradisíacas.

El camping Valle de Añisclo (Puyarruego) puede presumir de una de las ubicaciones más privilegiadas de todo el Pirineo, a orillas del río Bellós. Justo antes de que este afluente vierta sus aguas en el Cinca, forma una playa fluvial de roca y agua cristalina con medio kilómetro de embalsamientos naturales con distintas profundidades y velocidades de corriente. Se agradece la sombra de los árboles en las orillas, pero más aún las muchas horas de sol que reciben sus frías aguas, ya que está en un valle abierto. Sin embargo, cuando uno levanta la vista hacia el noroeste, se da cuenta que la cuenca de este río no siempre pone las cosas tan fáciles.

Zona baño Puyarruego
La zona de baño de Puyarruego es la playa fluvial más grande y concurrida.

El río Bellós nace más de 20 kilómetros montaña arriba, a 2.500 metros de altitud, en el corazón del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. Lo hace en uno de sus collados más hermosos, el de Añisclo, bajo el Soum de Ramond, una cumbre que lleva el nombre del primer montañero que puso sus pies en el vecino Monte Perdido allá por 1802. Al principio es un pequeño arroyo que recorre un ancho circo glaciar donde, en verano, pasta apaciblemente el ganado. Pero al poco se derrumba estrepitosamente en las profundidades de una garganta que lleva erosionando millones de años.

Carretera HU-631
La carretera HU-631 flanquea el río Bellós.

Diez kilómetros más abajo el cañón de Añisclo se hace accesible al tráfico rodado, justo cuando el río Bellós confluye con el río Aso. Por aquí pasa la carretera HU-631, que recorre el parque nacional por su flanco sur. Pero aun así, el Añisclo sigue siendo un territorio algo inaccesible, al menos si se accede por el este, desde Puyarruego. El tramo oriental de esta vía, que salva el Desfiladero de las Cambras, es tan estrecho que en él solo se permite la circulación en un único sentido, de este a oeste. De hecho, los acantilados que la flanquean son tan verticales que hay carteles que no recomiendan el tramo a motoristas y ciclistas por el riesgo de desprendimientos de piedra, pero su belleza hace que muchos asuman el riesgo.

Poza cristalina  río Bellos
El agua cristalina de las pozas permite ver en todo momento la ubicación de las rocas del fondo.

Una playa flanqueada por los Pirineos

La carretera nace en la localidad de Escalona (término municipal de Puértolas), justo en la rotonda de entrada al pueblo desde Aínsa. Para tomarla, desde allí hay que seguir las indicaciones de Puyarruego y Fanlo. Tiene un primer tramo de unos cinco kilómetros muy asequible en el que se permite la circulación en ambos sentidos. Precisamente aquí se encuentra la zona de baño de Puyarruego. El mencionado famoso medio kilómetro de playa fluvial del camping es el más accesible y el más concurrido, pero en realidad hay pozas por doquier y basta con alejarse un poco de esta zona, especialmente río arriba, para encontrar rincones de cuento en los que estar solo en un fin de semana de agosto.

Mirador de Añisclo
Desde el mirador de Añisclo regala una de las panorámicas más icónicas de los Pririneos de Huesca.

Hay que tener en cuenta que estos cinco kilómetros de río son los únicos en los que está permitido bañarse, ya que una vez comienza el término del parque nacional, justo donde la carretera pasa a ser de un único sentido, la norma dice que solo podemos disfrutar de las pozas desde las rocas. Una buena idea para disfrutar del fabuloso tramo de pozas que hay entre Puyarruego y el inicio del parque es dejar el coche en la zona de aparcamiento que hay sobre un meandro en el que la carretera hace un giro de 180 grados, a unos cuatro kilómetros de la rotonda de Escalona. Igualmente es una buena opción ir remontando el río nadando y caminando por el propio cañón.

Tomar el sol río Bellós
Tumbarse al sol sobre las rocas de la ribera del Bellós es en sí mismo un lujo.

El Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido comienza a unos cuatro kilómetros y medio desde Escalona. Junto a la señal que advierte el inicio del área protegida un cartel menor indica la dirección hacia la Fuente de los Baños o de los Suspiros. Se trata de un manantial de aguas termales al que se le atribuyen propiedades curativas, aunque, según la tradición, para que hagan efecto se deben beber durante nueve días seguidos. Sea como sea merece la pena echar un vistazo a una de las zonas más estrechas de la garganta. Para llegar hay que descender unos 50 metros de desnivel por un sendero que se vale de unos 300 escalones y algunos tramos con una cadena a la que agarrarse.

Cañon Añisclo
Una forma estupenda de adentrarse en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido es remontar el río.

Caminos que acompañan el fluir del agua

A partir de la Fuente de los Baños comienza el tramo de la HU-631 de sentido único - de este a oeste- por el Desfiladero de las Cambras. Son poco más de ocho kilómetros, pero suficientes para ofrecer montones de estampas sobrecogedoras. En el tramo apenas hay un par de rincones donde dejar el coche para los valientes que quieran bajar a las pozas; no es mala idea siempre que se tengan en cuenta los riesgos de desprendimiento y que, como estamos dentro del parque nacional, no está permitido el baño, si bien es muy agradable tumbarse en una roca para ver y escuchar el agua correr.

Desprendimiento rocas cañón Añisclo
Las señales avisan del peligro de desprendimientos debido a la verticalidad de las paredes.

El tramo de sentido único termina en el aparcamiento de San Úrbez, donde confluye el río Bellós, que baja por el cañón de Añisclo, con el río Aso. La zona toma el nombre de la Ermita Rupestre de San Úrbez, un templo situado en una oquedad en la base de un acantilado que se ha protegido con un murete de piedras. Los relatos tradicionales cuentan que la habitó, allá por el siglo VIII, un pastor muy humilde con capacidad de obrar milagros; los elementos más antiguos de la construcción podrían datar de un Románico tardío.

El área de la ermita es la zona por excelencia para lanzarse a conocer el valle de Añisclo, que se incorporó al área del parque nacional en 1982. Es un entorno fresco y boscoso con multitud de miradores y caídas de agua. Se puede hacer una sencillísima ruta circular, que pasa por la ermita y la cascada del Aso, en apenas una hora; u otra, un poco más ambiciosa, de dos o tres horas, que llega hasta el poblado abandonado de Sercué. Los más valientes seguro que disfrutarán adentrándose en el cañón río arriba hasta alcanzar la Ripareta -tres o cuatro horas de camino-, un precioso remanso donde el barranco de la Pardina vierte sus aguas en el Bellós; o incluso hasta la Fuen Blanca -dos o tres horas más-, una espectacular cascada que algunos consideran el nacimiento del río.

Sombra zona baño Puyarruego
Los árboles alrededor de la zona de baño de Puyarruego proyectan grandes áreas de sombra.

Independientemente de que te atrevas o no a remontar el cañón, antes de marcharte de San Úrbez merece la pena subir hasta el Mirador del Añisclo, a unos dos kilómetros montaña arriba, por un carreterín que sale desde la zona de aparcamiento -seguir carteles con dirección a Vió y Escalona-. Si continuamos por la HU-631 en dirección oeste, ahora ya con tráfico en los dos sentidos, llegaremos a Fanlo y, una vez remontamos el puerto y cambiamos de valle, a Sarvisé, donde termina la carretera. Desde allí, Torla queda a tiro de piedra, o sea, la entrada más popular al Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, donde se encuentra el inicio de la ruta que conduce a la célebre Cola de Caballo.