Ruta de miradores por Tenerife

Tenerife en 5 panorámicas imprescindibles

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La silueta del Teide es la sombra proyectada sobre el mar más grande del mundo.

Miradores para contemplar el amanecer desde el pico más alto de España, perderse en un mar de nubes, atravesar bosques, selvas y parajes volcánicos o elevarse sobre esa escarpada línea litoral para disfrutar de las mejores vistas de la isla. Estos son los balcones para asomarse a Tenerife.

Tenerife es una erupción de tierra negra y naturaleza verde agitada por un mar azul intenso, creando un festival de formas y tonalidades caprichosas que irrumpen en mitad del Atlántico. Vamos a redescubrir el silencio, el aire puro y esa sensación de libertad, de dejar el coche un momento y darnos cuenta de que cualquier giro en la carretera es el lugar perfecto para disfrutar de una panorámica espectacular en la ínsula con la mayor diversidad biológica y contrastes del archipiélago canario.

# Mirador de Ortuño

1. Mirador de Ortuño

A nuestros pies, el mar de nubes o esa masa esponjosa que arrastran los vientos alisios hasta la cara norte de Tenerife. A nuestra espalda, la Corona Forestal, que envuelve con su gigantesca orla de pinos el Parque Nacional del Teide. Y justo enfrente su cima, que se yergue con su estrato-volcánica silueta sobre el archipiélago a 3.718 metros de altitud. 

mirador ortuño
El Teide y el mar de nubes desde la carretera de la Esperanza.

El Mirador de Ortuño, de Chipeque, de la Crucita, o de Chimague. Conducir por la TF-24, también conocida como carretera de la Esperanza de norte a sur es sinónimo de tener que pararse obligatoriamente para admirar la estampa de la montaña más elevada de España y del entorno cambiante que la rodea, desde los bosques profundos a los paisajes lunares. Partiendo desde San Cristóbal de la Laguna nos detenemos en los límites del parque nacional, un kilómetro antes de llegar al refugio de Ayosa, pasado el pueblo de la Esperanza. Un pequeño risco junto a la carretera hace de atalaya natural y de mirador anónimo (aún no ha sido bautizado) de todo el Valle de La Orotava, la isla de La Palma, el Lomo Dorsal y La Cabezada. Todos acompañan a izquierda y derecha al omnipresente Teide. Si a alguien no le termina de impresionar este espectáculo natural que espere a la puesta de sol y prepare la cámara. 

mirador ortuño
Este mirador se encuentra en el límite del Parque Nacional del Teide y la Corona Forestal.
# Mirador de la Jardina

2. Mirador de la Jardina 

Es la puerta de entrada al Parque Rural de Anaga. Esta extensión de montes, barrancos y valles cubiertos por el manto selvático de la laurisilva está atravesada por la carretera TF-12 que nos conduce hasta el Mirador de Jardina, poco antes de llegar al de la Cruz del Carmen y poco después del bosque, los terrenos de pasto y los brezales. 

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El Mirador de la Jardina es la puerta de entrada al Parque Rural de Anaga.

Desde este enclave divisamos al oeste el monte de Las Mercedes y al sureste la costa de Santa Cruz, en medio de una sucesión de laderas que se estrujan hasta llegar al mar. Los pueblos de Las Mercedes o Jardina con sus casitas rojas, azules y blancas se intercalan con los campos de cultivo, la rica vegetación y las colinas verdes que adornan la vega lagunera. Los que tengan suerte con el tiempo también podrán ver el lejano pico del Teide, al sur.

mirador de la jardina
La vega lagunera desde la Jardina, un vistazo multicolor.

Los guanches bautizaron este valle como "Aguere", que significa precisamente "laguna", puesto que en eso se convertía los meses de invierno con las inundaciones. Con el tiempo este lugar fronterizo se transformó en la campiña fértil que vemos hoy en día, donde los castellanos construyeron su primera ciudad en Tenerife: San Cristóbal de la Laguna. Rodeada por montañas, cerca del puerto, pero lo suficientemente lejos como para evitar los ataques piratas. Como hace siglos, muchos habitantes de la vega lagunera siguen dedicándose al cultivo de la tierra y al cuidado del ganado, además de transitar estos senderos que comunican con el Parque Rural de Anaga.

# El Teide

3. El Teide

Si pensamos en miradores de Tenerife, pensamos en las mejores vistas del volcán del Teide y, si puede ser, no muy lejos del coche. Pero ¿por qué no ir hasta allí arriba? Se nos olvida que el mejor balcón del archipiélago, o al menos el más elevado, es el propio pico del Teide, erguido a 3.718 metros de altitud en medio del parque nacional (190 km2), de la isla de Tenerife y de prácticamente todas las Canarias.

Sea verano o invierno, la temperatura a casi 4.000 metros exige ropa de abrigo.

Sentimos el viento frío que nos sacude la cara y nos recuerda que, aunque estemos en Canarias, hemos subido hasta casi 4.000 metros y eso se nota. Al norte: los valles de la Orotava, de Güímar y el Macizo de Anaga, siempre que no estén cubiertos por el mar de nubes. Al oeste: el Macizo del Teno, y allá donde miremos, la línea costera de toda la isla, con relieves húmedos y verdes al norte, y desérticos y rojizos al sur. Nos rodean también dos anillos, el formado por los páramos volcánicos de Las Cañadas del Teide y el de los pinares del Parque Natural de la Corona Forestal. Dicen que desde aquí se puede ver todo el archipiélago, algo que raras veces sucede a no ser que las condiciones atmosféricas sean perfectas. Hoy nos conformaremos con Gran Canaria, La Gomera, La Palma y El Hierro.

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Ascender hasta el pico del Teide un poco antes del amanecer, una experiencia inolvidable.

Si tuviéramos que elegir un momento para subir al Teide lo haríamos justo antes del amanecer para maravillarnos con la silueta del volcán proyectada en el mar, la mayor sombra de todo el mundo creada sobre el océano. A los que no quieran madrugar tanto les gustará saber que este efecto lumínico también se puede apreciar al atardecer. Hay dos formas de llegar hasta este mirador. Podemos subir por el sendero de Montaña Blanca, pasando por el Refugio Altavista y siguiendo hasta la cumbre, o hacer parte del recorrido en teléferico hasta La Rambleta (3.555 m) y tomar el sendero de Telesforo Bravo hasta el podio canario. La primera opción requiere cierta condición física, librar un desnivel de 1.300 metros y no temer al mal de altura; y ambas, un permiso del parque nacional. Quienes pernocten en el refugio no necesitarán esta autorización.

# Mirador de El Lance

4. Mirador de El Lance

Sobre este precipicio se erige la escultura en bronce del mencey Bentor, el rey guanche que, en 1496, tras la conquista de la isla por las tropas castellanas, prefirió arrojarse al vacío desde este lugar antes que rendirse al invasor. A las puertas de Icod el Alto, en la cara norte de la isla, se encuentra este lugar que conmemora su valentía y nos regala las mejores vistas del Valle de La Orotava, al borde del barranco de Tigaiga.

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Escultura del mencey Bentor, rey guanche que se suicidó desde este lugar al ser derrotado por los castellanos.

Desde Los Realejos, tomamos la TF-342, o Travesía El Pino para ascender curva tras curva durante cinco kilómetros por la montaña, dejando atrás caseríos, terrazas de cultivo y una visión cada vez más espléndida del Atlántico a mano derecha. Nada más entrar en Icod el Alto nos topamos con la dramática composición de Bentor, diseñada en 1996 por la artista Carmen Luis León, en un profundo gesto de dolor tras la derrota ante el conquistador. Ya hemos llegado.

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El Valle de La Orotava desde el mirador de El Lance.

Delante, todo el Valle de La Orotava, también conocido como el Jardín del Teide, que se extiende desde la Cuesta de La Villa, junto a las laderas del municipio de Santa Úrsula, y el escarpe de Tigaiga; y desde el Atlántico hasta la Cordillera Dorsal, que divide este valle del de Güímar. La línea litoral se va perfilando hasta encontrar enclaves como la Punta del Guindastes o Punta Brava, la playa del Castillo o el Lago Martiánez a lo lejos, creación del artista canario César Manrique. El Puerto de la Cruz y su municipio dominan esta parte de la costa norte de Tenerife mientras que el interior del valle lo colonizan al oeste Los Realejos y al este La Orotava como nosotros colonizaremos la terraza del bar que se encuentra justo aquí, en el mirador de El Lance.

# La punta de Teno

5. La punta de Teno

Finalizamos nuestro recorrido panorámico en el Parque Rural del Teno, situado en el extremo noroccidental de Tenerife entre los concejos de Buenavista del Norte, Los Silos, El Tanque y Santiago del Teide. Cruzamos este entorno de orografía variable e inmensa biodiversidad. Podremos apreciar el contraste entre los abruptos barrancos que desembocan en pequeñas playas y los profundos valles que conforman la isla Baja y Teno Bajo. Aquí abundan las palmeras y los dragos, pero también las retamas y las tabaibas. Las zonas boscosas de laurisilva son el refugio para algunas especies amenazadas y endemismos locales, y los colosales acantilados de la costa son lo más llamativo de este territorio de 8.000 hectáreas, uno de los más antiguos (geológicamente hablando) de la isla.

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Los acantilados de los Gigantes desde la punta de Teno. Foto: Turismo de Tenerife

El mejor lugar para asomarnos desde esta cara oeste de la isla lo encontramos en la punta de Teno, aislada entre precipicios costeros, diques y pitones volcánicos. Esta pequeña península de color rojizo está rematada por un antiguo faro en estupendo estado de conservación después de una cala de aguas transparentes. Nuestra mirada la acaparan las mastodónticas estructuras de tez basáltica que se desploman en picado sobre el Atlántico desde 600 metros de altura. Los acantilados de los Gigantes, los más famosos de Tenerife, si ya se ven imponentes desde el avión, desde aquí abajo se ven mucho más. La punta de Teno también es un excelente enclave para aguardar el ocaso y ver cómo llena de tonalidades el océano y la isla de La Gomera, delante.

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La punta de Teno es el extremo occidental de Tenerife que mira hacia La Gomera.

Llegar hasta este mirador es una experiencia en sí. Se encuentra al final de la TF-445 partiendo desde la localidad de Buenavista del Norte. Esta es una de las carreteras más impresionantes y también peligrosas de España, que estuvo incluso cerrada durante bastante tiempo por el riesgo de desprendimientos. Entre el precipicio y el mar, bordea esta estrecha, serpenteante y vertiginosa vía que se reserva una de las mejores perspectivas del macizo del Teno.

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