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El logo del Parque Natural dels Ports es una hoja de arce granadino, un árbol que, en otoño, motea los valles de tonos ocres y rojizos. Está bien tirado, pero a ojos del gran público, habría resultado más reconocible la silueta emblemática de Roques de Benet. Son unos torreones de conglomerado de casi 300 m de altura que, según dicen, fueron una fuente de inspiración para el mismísimo Picasso. Se trata de una especie de casualidad geológica: el último gran vestigio de la capa de sedimentos que cubría un zócalo calizo, y que casi ha desaparecido por la erosión, fractura y superposición de estratos viejos sobre otros más jóvenes.
La estampa de Roques de Benet desde la coqueta Horta de Sant Joan es fantástica, pero todo se entiende mejor desde el mirador del Salt de Ferrassó. Este balcón privilegiado lleva el nombre de una caída de agua de 70 m que aparece en primer plano, frente a los torreones picassianos. Como el resto del macizo, es una cascada caprichosa ya que, a pesar de que este ha sido un buen año de lluvias, no deja que se escape el agua. “La montaña se está recargando”, cuenta Núria Tarrassón, coordinadora de los servicios de educación ambiental e información en el Parque Natural.
“Después de tres años de sequía, el agua seguía brotando de los manantiales, y ahora que llevamos un par de años de lluvia, el sistema kárstico continúa absorbiendo agua”, cuenta Tarrassón, que aprovecha para hacer referencia a otro elemento característico del parque, los bufadors, unas oquedades del terreno que, dependiendo de las lluvias y las presiones, de repente comienzan a “bufar” y, a continuación, manan agua.
Bióloga de formación, después de haber trabajado en muchos espacios naturales, Tarrassón parece que ha encontrado el definitivo. Vive fascinada con la diversidad vegetal de esta reserva que, en 35.000 hectáreas, suma unas 1.300 especies de plantas. Nos habla, entre otras mil, de una planta carnívora que crece entre las grietas de la roca y que obtiene los nutrientes de los insectos que quedan atrapados entre sus hojas pegajosas. Se emociona al ver que nos sobrevuela una de las tres parejas de águilas perdiceras del parque, o cuando se cruza un fardacho, un lagarto ocelado que alcanza el metro de longitud. Desgraciadamente, será casi imposible ver a una de las joyas esquivas del parque: la libélula Macromia splendens.
No tirar piedras al agua es la primera norma de las rutas que Núria conduce por los Estrets d’Arnes. En las aguas impecables de este río se desarrollan las larvas de una especie de libélula en peligro severo de extinción, al menos en este paraje. Por eso, también es fundamental bañarse sólo en la zona permitida, o sea, el exótico Toll Blau, situado en la salida de este barranco que a veces parece un jardín botánico y otras un desierto lunar. La libélula en cuestión, la mayor libélula esmeralda de Europa, pasa dos años alimentándose en el agua para luego emerger, mudar y echar a volar durante una escueta vida adulta de 14 a 21 días, en los que se dedica a hacer vuelos nupciales para aparearse.
La ruta por los Estrets d’Arnes es una de las excursiones más completas, accesibles y agradecidas del parque natural. Transita un paraje que se cuelga casi todas las medallas: Refugio de Fauna Salvaje, Zona de Interés Geológico, Zona de Especial Protección para las Aves… Se asienta sobre un “armazón” calizo que se originó hace 200 millones de años en el fondo marino. Luego, fuerzas tectónicas lo plegaron y quebraron, superponiendo capas viejas sobre otras modernas. Hace unos 60 millones de años comenzó una etapa de acumulación de sedimentos que se cementaron, formando una gruesa capa de conglomerados. Desde entonces, el agua ha disuelto la caliza y abierto barrancos, simas y un laberinto subterráneo.
En el lecho del río, Tarrassón señala unas pozas perfectamente circulares que han esculpido los remolinos que forma la corriente. Con el tiempo, se ensanchan, acaban colapsando y haciendo que el valle profundice. Por las laderas, la teoría se corrobora a través de una especie de balcones fósiles que atestiguan el proceso. La roca también cuenta historias en las cumbres, donde se ve cómo estratos viejos se montaron sobre otros nuevos formando pirámides. Y es que, por mucho que estemos en un jardín botánico, aquí la estampa sobre todo es mineral: “Cuando llegué, me llamaba mucho la atención que los distintos tipos de piedra tienen nombres muy precisos. Seguramente eran muy útiles para entenderse y orientarse”, explica.
El camino que seguimos antiguamente lo utilizaban los habitantes de las masías de la zona para ir a pueblos como Arnes u Horta de Sant Joan a comprar y vender sus productos. “Aquí vivían de la ganadería y de la cal”, cuenta Tarrassón. Nunca fue un sendero complejo, pero ahora resulta especialmente sencillo ya que, en buena parte, transita sobre una canalización de agua. Se haga desde donde se haga, apenas hay desnivel, tan sólo se suman kilómetros. La opción más corta es conducir hasta el aparcamiento de Arnes/Biarnets, situado a 500 metros del Toll Blau. Es de pago en temporada y suele llenarse. La opción más larga es caminar desde La Franqueta, a unos 5 km del Toll Blau, donde hay un aparcamiento gratuito.
Como en el punto intermedio suele estar la virtud, elegimos salir desde el aparcamiento de Lliberós, que también es de pago en temporada, pero que no se suele llenar. Se ubica a unos 2 km del Toll Blau, desde donde se recorre el tramo que concentra lo más espectacular de la ruta. Además, en la aproximación en coche, pasamos por el mencionado mirador del Salt de Ferrassó y junto al Mas de Burot, una masía reconstruida según los métodos constructivos tradicionales, que se puede visitar reservando con antelación.
El premio final de las tres variantes es el Toll Blau, la única zona donde se permite el baño en el barranco, ya que se ubica aguas abajo de la zona en que se desarrolla la famosa libélula. En realidad, no es una poza natural sino un antiguo azud, pero el entorno es puro idilio y, además, la estructura se puede utilizar como solárium refrescante. Hacer un uso responsable de este paraíso es clave para que el parque siga permitiendo que nos bañemos en él.
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