PARQUE NATURAL DE CABO DE GATA (ALMERÍA)

A toda vela por el Cabo de Gata

¡A toda vela! Foto: Shutterstock.
¡A toda vela! Foto: Shutterstock.

Divisar desde el mar este paisaje desértico de pueblos enjalbegados y acercarse a calas inaccesibles por tierra firme. Recorrer acantilados volcánicos, bañarse en arrecifes de coral y descubrir antiguas atalayas que en los tiempos más belicosos defendieron el lugar de los piratas. Así es la navegación por esta joya del litoral de Almería a merced del azote del viento.

Por tierra, el Cabo de Gata es una inmensidad de magma salpicada de pitas y chumberas, un rosario de discretos pueblos blancos donde reina una atmósfera hippy, una sucesión de playas salvajes, sin hoteles ni chiringuitos, a las que en ocasiones se accede sin carreteras asfaltadas. Por mar, este parque natural asentado en una esquina del litoral almeriense es la más bonita expresión del contacto de la roca con la marea: farallones negros que se precipitan al vacío, calas recónditas que se cuelan por la sierra y unos fondos tapizados de posidonias, que esconden todo un universo subacuático.

La bella playa de los Genoveses. Foto: Shutterstock.
La bella playa de los Genoveses. Foto: Shutterstock.


Pocos lugares resultan tan apropiados para ser explorados a bordo de un velero, siguiendo el curso de su costa dentada y sobre unas aguas de azul cegador. Con las velas desplegadas, empujados por los vientos de Levante, Poniente y Terral. El Cabo de Gata, que cuenta entre sus 38.000 hectáreas protegidas con una franja catalogada como reserva marina, es definitivamente un paraíso para la navegación. Porque entre sus pliegues se ocultan rincones que son inaccesibles a pie y donde el baño (sobre todo si es con gafas y tubo) permite encontrarse con peces, crustáceos y moluscos únicos en los mares europeos.

Elegir la ruta

Los puertos de Garrucha, Carboneras y San José son los puntos de partida de estas travesías en velero operadas por un puñado de agencias. Las posibilidades son múltiples. Desde paseos de un par de horas por la mañana o para contemplar la puesta de sol, hasta excursiones de varias jornadas en las que el barco fondea en alta mar para dormir bajo las estrellas. Desde embarcaciones comandadas por una tripulación experta, hasta alquileres de veleros sin patrón, si bien para ello se requiere la titulación del PER que autoriza dirigir botes de recreo.

Después, para escoger la ruta, habrá que tentar a la naturaleza. Hay que tener en cuenta la dirección del viento, sopesar los enfados de la mar. Y si todo está en orden, tal vez una buena opción sea decantarse por el norte del parque, desde Garrucha, para toparse en muy pocas millas con Mojácar, divisado a lo lejos como un monte nevado, y después seguir por la Cueva del Lobo hasta la playa de Las Macenas, vigilada por la torre de un castillo.

En el otro extremo, San José, el puerto más meridional, la ruta apunta hacia los largos arenales de Mónsul y Los Genoveses, protegidos por pequeñas calas aptas para el snorkel: la de los Amarillos, Cala Príncipe, Cala Grande, Cala Chica... Aquí es posible hacer escala en tierra firme para emprender una corta caminata, como la que asciende al cerro Morrón con una espectacular panorámica. Y también acercarse después, cabalgando las olas, a otro de los hitos del parque: las piedras fantasmagóricas del Arrecife de las Sirenas, antiguas chimeneas volcánicas donde antaño residía una comunidad de focas monje.

Arrecife de las Sirenas. Foto: Shutterstock.
Arrecife de las Sirenas. Foto: Shutterstock.

El enclave más bello

Es, sin embargo, desde Carboneras, donde el velero atraviesa los parajes más hermosos. Porque en pocos minutos aparece el que ha sido catalogado como uno de los enclaves más impactantes del litoral español: la Cala de los Muertos, ancha y poderosa, interminablemente rectilínea, flanqueada de rocas multiformes dentro de un entorno lunar. Sus aguas turquesas y cuajadas de peces, gracias a sus fondos de suaves guijarros, contrastan con la fatalidad que su nombre evoca: aquellos naufragios del pasado, con los marineros ahogados en alta mar, cuyos cadáveres la corriente arrastraba hasta la propia orilla.

Es esta, como decíamos, la travesía más agradecida, puesto que en ella no solo se abarca la Isla de San Andrés (declarada Monumento Natural) y el famoso Faro de Mesa Roldán (el más alto de la Península Ibérica), sino también ensenadas enmarcadas por dunas y palmeras con un encanto irresistible: la del Plomo, la de Enmedio, la de San Pedro o el Playazo de Rodalquilar, con la Torre de Los Alumbres y la Batería de San Ramón.

Cala almeriense. Foto: Shutterstock.
Cala almeriense. Foto: Shutterstock.

También en esta ruta desfilan algunos de los pueblos más pintorescos del parque: Agua Amarga, Las Negras o la Isleta del Moro, con unas cuantas calles blancas, bares con generosas tapas y ese ritmo indolente de puro disfrute en el rincón más árido y ardiente de nuestra geografía.

Información práctica: Es posible contratar paseos en velero por el Cabo de Gato en compañías como Caboteando, Almería Charter, El cabo a fondo, Branquias o Spal.

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