Restaurantes en Barcelona para una Navidad alternativa

Tokio, Pekín, Bangkok, Hanói y Delhi bien valen una mesa

Echa un ojo a las propuestas gastro de Casa Bonay. Foto: Casa Bonay.
Echa un ojo a las propuestas gastro de Casa Bonay. Foto: Casa Bonay.

Si llegadas estas fechas te dan tanta alergia la sopa de galets, los canelones, los turrones o los polvorones como los belenes de pin y pon, apunta bien: en Barcelona, algunos de los sermones -mucho más ligeros que la Misa del Gallo- de credos gastronómicos foráneos se ofician en estos cinco templos gastro. Esto sí que es una Navidad alternativa.

Si los villancicos te hacen envidiar la sordera de Beethoven, las luces navideñas te parecen capaces de provocar un ataque epiléptico a cualquier hijo de vecino, y detestas el consumismo compulsivo, nada mejor que comulgar con la cocina de países en los que las tradiciones cristianas pintan casi tan poco como la música góspel en una reunión del KKK. Estas son nuestras recomendaciones:

Shunka 

El sushi de Shunka. Foto: Instagram Shunka.
El sushi de Shunka. Foto: Instagram Shunka.

Sin duda, Hideki Matsuhisa es el gran embajador de la cocina nipona en Barcelona y, como en sus restaurantes (Shunka, Koy Shunka, Kak Koy y Majide), ningún lugar mejor para sucumbir a la belleza culinaria de Japón.

Si lo que queréis es disfrutar de una excelente cocina tradicional japonesa, vuestro nombre es Shunka -para alta cocina de autor o genuina comida de izakaya quedaos con los otros-. En su restaurante, en el corazón del barrio Gótico, olvidaréis que es Navidad de la mano de sus edamame (vainas de soja hervidas y aderezadas con cristales de sal que uno se come como pipas), sus yaki onigiri (bolas de arroz ahumado con katsuobushi), sus tempuras, sus sobas y, sobre todo, de… su tan buena como extensa variedad de sashimis, niguiris y makis, su katsuo tataki (bonito soasado aderezado con tomate y salsa ponzu) y postres -eso sí, solo si sois amantes de lo glutinoso- como el mochi de judía roja o el membrillo de castañas dulces. 

Aunque será por poco tiempo, pues a la salida del restaurante Shunka os daréis de bruces con la Fira de Santa Llúcia y su sobredosis de caganers y Papás Noel con el mal de San Vito. 

Shunkac/ Sagristán 5, Barcelona.

Kao Dim Sum

Dumplings non stop en Kao Dim Sum.  Foto: Kao Dim Sum.
Dumplings non stop en Kao Dim Sum. Foto: Kao Dim Sum.

Como en casi cualquier ciudad, en Barcelona comer en un restaurante -categoría que a muchos se la da la licencia administrativa y no la categoría de su comida- chino es tan sencillo como comprar, por un euro, todo tipo de gadgets del hogar en alguno de sus bazares, pero si lo que queréis no solo es alimentaros sino disfrutar comiendo, abrid bien los ojos, y la boca, a lo que os propone la familia Kao: tapas y platillos con D.O. Shanghái. Un tapeo chino made in Spainque encontraréis en su Kao Dim Sum o en el spin-off de éste (Mr. Kao) que alberga el lujoso Hotel Claris.

En los restaurantes con sello Kao destacaría su huevo milenario con nabo picante, jengibre y sésamo, su ensalada de col a la mostaza, sus fideos salteados con verduras y lomo adobado, su arroz cantonés de gambas y verduras, su pato frito con salsa hoisin, y, como no cabría esperar otra, sus dumplings, ya sean fritos, hervidos o al vapor -el de panceta, el de gambas, o el wonton de langostinos, pollo y setas os dejarán K.O.-.

Kao Dim Sum. Carrer del Bisbe Sivilla, 48, 08022 Barcelona

Petit Bangkok

La variedad de un plato tailandés./ Foto: Shutterstock
La variedad de un plato tailandés. Foto: Shutterstock.

La cocina tailandesa es dulce, salada, ácida, especiada, picante, picante -sí, la genuina lo es, y mucho- y ama a los vegetales como pocas. Y si en Barcelona deseáis tener un romance con ella -ardiente seguro que lo será-, una cita con el restaurante Petit Bangkok se me antoja como más que pertinente.

Un Petit Bangkok en el que os harán tilín sus nems (rollos de pasta de arroz fresca rellenos de verduras y… marisco, carne o lo que sea), sus curris (en función de su grado de picante: el verde para los pusilánimes, el rojo y el amarillo para los ya iniciados, y el massaman para los muy atrevidos o temerarios), sus kao pan (bolas de arroz rellenas de gambas y verduras), sus kung hompha (gambas en gabardina de verduras y cacahuetes), y del que os cautivarán sus sopas (ya sea la tom yam kung o su versión con leche de coco y bautizada como tom ka kai) y, sobre todo, su pad thai: el plato thai por antonomasia compuesto por fideos de arroz salteados con tamarindo y gambas, y aderezados con brotes de soja, huevo, cacahuetes y lima.

Y, Singha (la cerveza tailandesa por excelencia) en mano, de la cocina de Dani y Saowa (los artífices de los Petit Bangkok) podéis disfrutar en las barcelonesas calles Balmes, Vallirana y Zaragoza, aunque en esta última dirección el monopolio de la carta lo tienen los thai noodles.

Petit BangkokCalle Vallirana, 29 y calle Balmes, 106. Barcelona

Têt

Hotel Casa Bonay, un punto de encuentro alternativo./ Foto: Casa Bonay.
Hotel Casa Bonay, un punto de encuentro alternativo. Foto: Casa Bonay.

Los mediodías del hipsteriano hotel Casa Bonay se visten, de la mano del célebre y celebrado Estanislao Carrezo (chef del madrileño Sudestada), de taberna vietnamita.

Y a la, tal vez, más delicada de las cocinas del Asia continental uno puede asomarse gracias a muchos de los platos que se sirven en el restaurante Têt.

Platos como el pho (supercaldo casero en el que nadan trozos de vaca madurada); los nem ran (rollitos fritos de pasta de arroz rellena de cerdo, langostinos, verduras…); o la berenjena bio, el cerdo duroc o el pollo de corral, todos ellos a la brasa y acompañados por arroz jazmín o batatas fritas.

Un Têt que justifica la visita al hotel Casa Bonay, aunque ésta se justifique también por su rooftop, por su coctel-bar Libertine o por su restaurante de autor Elephant, Crocodile and Monkey.

TêtGran Vía de les Corts Catalanes 700. Barcelona

Tandoor

Tandoor también lleva a domicilio. Foto: Tandoor.
Tandoor también lleva a domicilio. Foto: Tandoor.

Si nos preguntan cómo es la cocina india, la mayoría responderían que: amarilla, especiada, picante y no muy pallá; pero Ivan Surinder (hijo de Oberoi: el primer restaurador hindú de la Ciudad Condal), se ha propuesto -y a fe de Dios, o de Brahma que lo consigue- que nos convenzamos de que esta cocina es tan especiada y picante como colorida e interesante.

Atributos que demuestran platos como su papadum (pan crujiente de garbanzos) al comino, acompañado con chutney de mango y yogur a la menta; sus naans (pan indio cocinado al horno tandoori, lo que le confiere un ligero toque ahumado, que puede ser blanco o aderezado con queso o ajo); su sheek kebab (rollitos de carne picada de cordero bastante picante y todavía más especiada, acertadamente acompañados con aguacate, mango, cebolla y cilantro, y presentados sobre un taco de lechuga); su paneer tikka (queso fresco marinado con yogur y cúrcuma); su chiken tikka masala (pollo cocinado al horno tandoori y servido con un curry de jengibre, garam masala, cilantro, pimientos y cebolla, acompañado por arroz basmati); o sus sugestivos postres (e.g. buñuelo de chocolate y cardamomo, o helado casero de leche fresca de vaca con azafrán, canela y cardamomo).

Tandoorc/ Aragó 8, Barcelona. 

¡Tokio, Pekín, Bangkok, Hanói y Delhi bien valen una misa!

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