Parador de El Saler (Valencia), dormir en un parque natural

Descanso bajo la luz de la Albufera

Entre el Mediterráneo y el lago más grande de la península ibérica, la Albufera, se construyó el Parador de El Saler en 1966, a 18 kilómetros de Valencia. Justo ahí, donde la luz del parque natural brilla la mayor parte del año bajo un cielo obstinado en ser azul, el descanso es un regalo envuelto en un paisaje increíble. En el alojamiento de El Saler se siente esa esencia tan especial de la costa valenciana, donde además los golfistas juegan en un campo singular definido por la vegetación y la fauna del entorno. Y todo esto, al amparo de un proyecto cada vez más sostenible.

Dormir en un parque natural genera muchas expectativas y la entrada al Parador de El Saler es una promesa cumplida por todo lo que ofrecen las hectáreas de su entorno; un verdadero portal a la naturaleza en estado puro. Los árboles rodean el camino acompañando al recién llegado recordándole donde está. Sin avanzar una gran distancia, la frondosa vegetación se abre aquí y allá para dar paso a diferentes hoyos del campo de golf adornados con pinos prácticamente tumbados con sus ramas retorciéndose en una danza imposible. Cuando uno atraviesa finalmente la puerta principal del hotel, una recepción luminosa, con ventanales delanteros y traseros, deja entrar a raudales la luz de la Albufera

El director, Francisco Contreras, posa en el campo de golf con el parador al fondo.
El director, Francisco Contreras, posa en el campo de golf con el parador al fondo.

“El parador se halla enclavado en una isla entre el mar Mediterráneo y el lago de la Albufera”, afirma el director del alojamiento, Francisco Contreras, como una explicación necesaria de por qué aquí han adquirido un compromiso tan fuerte con la fauna y la flora autóctona que abundan en el terreno del parador. “Hay que cuidar que estén bien, y que puedan campar a sus anchas, por así decirlo, en una convivencia maravillosa con los clientes y con los jugadores de golf que nos visitan”. Para cumplir con este compromiso hay una única dirección: la sostenibilidad.

Los pinos entre los hoyos del campo son una constante.
Los pinos entre los hoyos del campo son una constante.

El cliente, sin embargo, solo tiene que preocuparse por deleitarse con el paisaje porque es probable que no advierta, de primeras, esa determinación por cuidar del medio ambiente. En el parador “se recicla el 100% de las aguas, que se depuran y embalsan para después regar el campo de golf y el de fútbol; el tejado está prácticamente cubierto de placas solares que sirven para calentar el agua del hotel, del SPA y, además, transportar el agua para regar el campo; otra parte de la energía se usa para abastecer a los buggies eléctricos que se usan para moverse por el campo de golf”, explica orgulloso Francisco.

Vistas de la piscina exterior del parador con el mar al fondo.
La piscina, con el cordón dunar y el mediterráneo al fondo, se puede usar hasta bien entrado el otoño.

“Tampoco usamos ningún elemento químico para el tratamiento de las aguas del SPA o de la piscina exterior; es todo cloración salina, lo que agradece muchísimo la piel de nuestros clientes”, asegura el director, quien no concibe el funcionamiento del alojamiento de otra manera puesto que está convencido de que en un futuro los clientes tendrán en cuenta la sostenibilidad como un criterio más para elegir dónde se quedan igual que ahora miran “las estrellas o la ubicación”. “El turismo será sostenible o no será”, zanja tajante. 

Una pareja disfruta de una de las terrazas con vistas al campo de golf y al mar.
Las vistas desde cualquier terraza del alojamiento son para quedarse pegado a la silla.

En la zona hay más de 300 especies de aves, y a la hora de comer, desde la terraza de la cafetería, confirmamos hipnotizados esa riqueza ornitológica con el baile perfectamente sincronizado de una bandada de puntos negros en el cielo sobre uno de los hoyos del campo de golf. Esto es posible, en parte, porque las estrategias para cuidar del entorno han ido más allá en los últimos años. Con alianzas con ONGs, como Xaloc o la Fundación Global Nature, están cuidando de especies en peligro de extinción como la tortuga mediterránea, el chorlitejo patinegro o las tortugas marinas, entre otras muchas.

Los pinos tumbados por el viento de levante recuerdan a las sabinas herreñas.
Los pinos tumbados por el viento de levante recuerdan a las sabinas herreñas.

Un sendero para perderse

El parador, con sus 65 habitaciones (entre las que se encuentra su habitación única: Xaloc), casi presume más de sus terrazas abiertas y espaciosas; de un SPA con diferentes espacios; y, por supuesto, de la extensión que se abre al atravesar las puertas del edificio principal y que cuenta con un enorme campo de fútbol o una piscina exterior que se puede usar hasta bien entrado el otoño gracias al clima con el que ha sido bendecido El Saler. Punto y aparte merece el camino a la playa desde el hotel que abre las puertas a otro punto importantísimo del parque: el cordón dunar. Protegido para que nadie lo pise, marca la frontera entre el alojamiento y la playa desierta como magnífica entrada a un Mediterráneo limpio y claro. En este paraíso, nos advierten, hay que tener cuidado con las tortugas marinas.

Camino a la playa, donde hay que tener especial cuidado con las dunas y las tortugas marinas.
Camino a la playa, donde hay que tener especial cuidado con las dunas y las tortugas marinas.

Sería imposible venir aquí y no hablar de su impresionante campo de golf, que ha generado clientes fieles gracias a la pasión por este deporte. Construido en 1968 por Javier Arana, está catalogado entre los mejores de Europa debido a cómo fue concebido. “Aquí todos los pinos cumplen una función fundamental y es guiar al jugador durante el juego. Cuando Arana diseñó el campo no utilizó apenas maquinaria; lo que hizo fue adaptar el campo a todo lo que había: las depresiones, las dunas en el terreno... con lo que consiguió un campo que se valora muchísimo porque es muy natural, complicado por esos pinos pero también por el viento que sopla, Levante. Arana se pasó semanas en la playa estudiando que ningún hoyo tuviera la misma dirección cuando soplará el viento”, explica Francisco.

Aquí se hallan más de 300 especies de aves, lo que permite ver bandadas bailando sobre el campo.
Aquí se hallan más de 300 especies de aves, lo que permite ver bandadas bailando sobre el campo.

Para los más escépticos sobre cómo se pueden aplicar los criterios de sostenibilidad de los que hace gala el director disponiendo de un campo de golf inmenso, la respuesta es sencilla. Más allá de regar con aguas recicladas en verano, se ha usado una hierba que es una bermuda autóctona, al estar adaptada al clima local no necesita ni agua ni siegas en invierno. Y, además, requiere de pocos tratamientos fitosanitarios.

Al atardecer, si alguien necesitara más inmersión natural, el bosque de Devesa que envuelve el terreno dispone de una ruta de dos kilómetros conocido como la Natursenda. Un camino para adentrarse en la vegetación descubriendo a través de sus paneles educativos lo que puedes encontrarte mientras admiras los fantasmagóricos pinos tumbados por el viento de Levante (que traen a la memoria, casi sin esforzarse, las sabinas de El Hierro). Con suerte, se ven las sombras de los murciélagos que se atreven a salir al atardecer, cuando las luces se confunden; uno puede buscar erizos o espiar a las perdices mientras huyen entre los árboles... El paseo es una aventura en el que la estrella suele ser la tortuga mediterránea, más famosa entre los golfistas. “Cuando se encuentran con una saben que no la tienen que tocar, solo avisar al equipo. Hay más de un centenar censadas”, confirma Francisco.

Una mujer nada en la piscina climatizada del spa del Parador de El Saler.
El spa es uno de los grandes favoritos de los clientes en el interior del alojamiento.

Mientras uno comienza a pensar en la cena, cuando la luz ha abandonado el día, las terrazas de los salones te elevan sobre el paisaje para que no pierdas ni un detalle, ni siquiera esa banda sonora que marca la fauna durante la noche entre la vegetación autóctona de la Albufera.

En sus cocinas, se preparan dos toneladas de arroz al año. En la imagen, José Antonio Alcarazo, chef del parador.
En sus cocinas, se preparan dos toneladas de arroz al año. En la imagen, José Antonio Alcarazo, chef del parador.

La cocina del parador, en la línea de su plan sostenible, bebe de los productos de la tierra. Los arrozales que rodean el conocido lago valenciano llenan sus alacenas. “Nuestra gastronomía es un reflejo de la cocina tradicional y, sobre todo, el arroz. Nuestros clientes llegan después de hacer tantos kilómetros pensando en comer paella. Nosotros cocinamos más de dos toneladas de arroz bomba, el de La Albufera, que absorbe muy bien el sabor y se mantiene muy bien con toda la variedad de nuestros arroces: el senyoret, el de pato con pimientos, el arroz con bogavante...”, afirma el director. A los arroces se suman los pescados de la zona, procedentes del mar pero también del lago, y se completan con los frutos de la huerta valenciana. “Los zumos de naranja de este parador no son como en el resto de paradores, sobre todo, durante los meses de diciembre, enero, febrero y marzo”, se ríe Francisco, catalán pero amante del producto valenciano.

Dos mujeres disfrutan de las vistas desde la terraza de una de las habitaciones del parador.
Los ventales de las terrazas de las habitaciones traen el paisaje al interior.

Después de pasar un día absorbiendo el verde de la vegetación y el azul intenso del mar, el interior está diseñado para seguir haciéndolo desde dentro. Las terrazas de las habitaciones, con enormes ventanales, son capaces de traer el mar y los pinos hasta la cama. Una visión digna de un parque natural en el Mediterráneo. 

Las vistas desde lo alto del hoyo 18 son las mejores del parador.
Las vistas desde lo alto del hoyo 18 son las mejores del parador.
PARADOR DE EL SALER - Avda. de los Pinares, 151. El Saler (Valencia). Tel. 961611186