Rebujitos, paseos en coches de caballos, jamón serrano y pescaito frito acompañados del ritmo de las palmas y sevillanas hacen de la Feria de Abril -de Interés Turístico Nacional e Internacional- una de las semanas más populares e importantes de la ciudad. La primera se celebró en 1847 y en ella se combinaba la diversión con la compra-venta de ganado. El Prado de San Sebastián fue el lugar elegido y allí estuvo hasta 1972. Al principio eran tres días, luego fueron cinco, a petición de los empresarios, y, en 1952, seis. Los sevillanos, vestidos con traje de corto y de flamenca -costumbre que se popularizó a raiz de la Exposición Iberoamericana de 1929-, pasean por las calles del Real, junto al millar de casetas llenas de color que se instalan en el barrio de Los Remedios. Las casetas públicas o de entidades sociales son de libre acceso; las de entidades privadas, sólo para socios, familiares y amigos. Durante la noche, juerga y sevillanas continúan su círculo sin fin y la portada principal se ilumina, mostrando el esplendor de un diseño de luces que cada año se refiere a un tema distinto. Grandes y pequeños disfrutan en la "calle del infierno" del mayor parque de atracciones provisional del país. El bullicio y los gritos de diversión llenan el ambiente, donde giran los coches de choque, las montañas rusas o los tiovivos.

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