Calella

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Si al llegar a Calella se tiene la sensación de que todo está previsto, alineado y ordenado, calma. La influencia de la mentalidad alemana, después de tantos años descansando aquí en verano, parece que ha arraigado en esta tierra, pero este municipio costero del litoral catalán no ha perdido su capacidad de sorprender. Por sus calles, el viajero se encuentra con más de medio millar de tiendas, pero también con un interesante patrimonio artístico e histórico.

En el interior ya aparece el singularísimo y único Museo del Turismo, todo un homenaje a la esencia y a la historia de Calella, que también se recuerda cerca de allí en el impresionante refugio antiaéreo del Parque Dalmau. Buscando el mar, la iglesia de Santa María y Sant Nicolau ofrece quietud al espíritu, mientras que la curiosidad encuentra su abrevadero en el Museo Arxiu Municipal, con la farmacia modernista Valle y la pinacoteca Gallart en su interior. Ambas edificaciones rondan ya por el centro histórico, donde el estilo renacentista tiene tal presencia que cuenta con ruta propia por el Mercadal (hoy Plaza del Ayuntamiento), la Casa Galcerán, el viejo Consistorio o la Capilla de Sant Quirze. 

El recorrido invita a un sosegado paseo que desemboca en el paseo marítimo y el bullicio de la playa, impoluta, con sus medidos chiringuitos de diseño y sus instalaciones deportivas. La calma se puede volver a encontrar en el extremo, donde el faro ofrece luz y ensoñación además de buenas vistas, así como las Torretas que servían para enviar señales ópticas se presentan como un excelente mirador de aves. Conocida en el mundo del deporte por ser unas de las sedes del triatlón extremo Ironman, Calella cuenta con la playa del Garbí como modelo de arenal dorado y de aguas tranquilas, sin olvidar otras opciones menos familiares, como Rocca Grossa o las calas de Les Roquetes.

Como no sólo de playa viven vecinos y viajeros, la ciudad tiene una oferta cultural y de fiestas a la altura de su prestigio, siempre con la Fábrica Llobet-Guri como escenario, principal o secundario. La música se extiende como una epidemia por sus calles durante el Festival Coral Internacional Canta al Mar y recuerda tiempos pretéritos de tupés y faldas plisadas en el Screaming Festival, el latido vivo del rock'n'roll. El cine alternativo tiene sus opciones en el Festimage, un festival de fotografía y cortometrajes que dura casi un mes. Para espíritus de mercadillo y apetito voraz, el momento es la Feria de Calella y el Alto Maresme, para probar los apetitosos pescados de sus aguas, entre los que destaca el gallo de San Pedro, joya de la pesca artesanal en el Mediterráneo. 

En algunas playas de Calella se conservan, en las casas de primera línea, los arcos o 'voltes', del siglo XIX, que servían para dar refugio a los pescadores en días de mal tiempo. Existe una leyenda urbana que dice que el músico Joan Manuel Serrat compuso 'Mediterráneo' en el desparecido Hotel Batlle, durante muchos años establecimiento de referencia en el municipio.

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