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Las Ventas de Retamosa

Cocido y buen ambiente en el Día de la Olla

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En la comarca de Torrijos, a 30 kilómetros de Toledo, las amplias extensiones de hábitats esteparios que rodean Las Ventas de Retamosa sirven de refugio a especies como el aguilucho, la avutarda y la ortega, en un territorio cruzado por la Cañada Real Segoviana y el Camino Real de Guadalupe, que también ha servido para acoger una notable expansión urbanística en los últimos años. El pueblo ha crecido, pero aún conserva el carácter rural en las calles del centro.

No existen monumentos de una antigüedad sobresaliente, pero sí algunos lugares que merece la pena conocer. Por ejemplo, la que fue conocida como Casa del Cerro, del siglo XVIII, anteriormente convento de carmelitas, según los datos de la Diputación de Toledo. En la fachada del edificio más antiguo del pueblo, blanco y de ventanas enrejadas, se conserva el escudo de la congregación. Al lado está la iglesia de San Pedro Advíncola, terminada de construir en 1965 con zócalo de piedra y cuerpo de ladrillo visto, allí donde antes hubo un templo del siglo XVI (demolido por su mal estado en 1962). Y muy cerca están la plaza de la Constitución y el edificio del ayuntamiento, de construcción igualmente moderna. También del siglo XX es el antiguo granero, utilizado hoy como Casa de Cultura. Por el pueblo, además, se reparten varias estaciones de un viejo viacrucis de granito y hierro forjado.

A las afueras sí que hay un elemento de mayor antigüedad por el que los vecinos del pueblo sienten gran predilección. Se trata del Canto, símbolo medieval de la delimitación de territorios y que hoy se muestra elevado sobre una peana de piedra (hay un gran respeto por él: dice la leyenda que si se mueve, el pueblo se inunda).

Casi la misma veneración se tiene por el Día de la Olla, el 20 de febrero, celebración en la que las gentes del pueblo se reúnen a degustar un tradicional cocido en la plaza de la Constitución.

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