Padul

Padul

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Nos encontramos a unos 13km de Granada, en el fértil valle de Legrín. Nos envuelven el verde pistacho de la vegetación y el aroma de naranjos y limoneros. Al Padul se le conoce como ‘La villa del mamut’ porque en el cercano humedal de La Laguna se encontró el esqueleto de uno de estos desaparecidos animales. Para honrarlo, hay una reproducción de mamut peludo de 4m frente al ayuntamiento. Si no se hace una foto de este mamut es como si no se hubiera ido al Padul. Hablando de esta especie prehistórica, es imprescindible recorrer la Ruta del Mamut para conocer los paisajes de la localidad. Es una senda muy fácil que consta de una pasarela de madera rodeada de alta vegetación mediterránea. Pasa por La Laguna donde se descubrió al habitante emblema de los paludeños  espacio natural incluido en el convenio RAMSAR (humedales de importancia internacional y hábitat de aves acuáticas)- y por el aula de naturaleza El Aguadero. Otro singular paraje en esta localidad, en la que constantemente se ven las cumbres de Sierra Nevada, es la fuente del Mal Nombre, en el Alto de Cijancos. Se trata de una acequia cuyas aguas, que provienen de un pacífico manantial visible, van a parar dando saltitos a un antiguo molino. Al lado de este paraje, discurre una vía romana.
Ya en su núcleo de población, donde abundan las viviendas rurales  de pocas plantas, se conserva un patrimonio cuya seña de identidad es la línea recta. Es obligatorio citar la Casa Grande del siglo XVI-bien de interés cultural-, un suntuoso palacio de color crema que se usó de decorado en la película de aventuras ‘La leyenda de un valiente’. Por otra parte, será imposible no pararse a contemplar el Calvario y sus inmensas cruces del siglo XVIII. En tercer lugar, la fuente de los Cinco Caños del siglo XVI una obra de arte llena de arcos que sirvió de lavadero hasta el XIX. Por último, las locales tradiciones religiosas descansan en la pacífica ermita de San Sebastián del siglo XVIII donde se guarda la imagen del patrón de la localidad hasta el día de su fiesta entre hogueras, y en la elegante iglesia de Santa María la Mayor datada en el siglo XVIII cuyas fachadas blancas y salmón parecen las de un típico palacio francés.

Vale la pena pararse en los bares de la localidad y probar, aparte del único whisky de malta que se realiza en España, sus tradicionales desayunos de huevos fritos con "espichá"- sardinas o boquerones secos- o sus tapas de tortillas con cebolla, patatas, jamón o “collejas”- brotes que se comen en ensalada-.

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