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Puerto de Vega

Un pueblecito pesquero en un precioso entorno

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Del antiguo esplendor del puerto ballenero de siglos pasados ha quedado un pueblecito encantador, pegado a su puerto, que ofrece al visitante casitas blancas, paz y algunos rincones que no se deben dejar de visitar.

Los restos de las murallas del puerto pueden ser un buen arranque para el camino. Es incesante la actividad de los pescadores, que cuando no están descargando el pescado recién llegado están arreglando sus utensilios o poniendo a punto el barco. Quien quiera conocer el modo de vida local tiene en las dársenas del puerto los mejores ejemplos. Tras visitar la lonja de pescado, un bonito edificio de principios del siglo XX, o dejarse llevar por los aromas de mariscos y pescados que salen de los bares y restaurantes cercanos al puerto, caminando se llega a la Plaza de Cupido en pocos minutos. Tres casonas acordonan el perímetro de esta plaza que conserva un encanto medieval y que encamina para la ascensión a la Ermita de la Atalaya y a su mirador, desde el que se tienen las mejores vistas del puerto.

En otro mirador, el de la Riva, está escrito sobre un enorme hueso de ballena el primer contrato escrito de caza de ballenas del que se tiene constancia. Cerca de allí se encuentra ‘la catedral del barroco rural de Asturias’, la Iglesia de Santa Marina, con un curioso exterior y unos retablos en el interior que hacen obligatorio el reposo en la visita.

Además de todo esto, Puerto de Vega está recogido en un entorno natural de gran valor paisajístico y tiene a una pequeña distancia playas como las de Barayo o Frejulfe, declarada Monumento Natural.

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