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Tineo

Una obra de arte

La mano asturiana pintó un pueblo de colores, de esos que solo se recorren con paz y el gusto de lo bello. Dejó espolvoreados palacios como el de los García, Merás o el de Rozadiela, una preciosa casa blanca solariega con una capilla en medio de las verdes praderas. También decoró con un gusto indiano, rural y clásico el monasterio de Obona, la Iglesia de San Martín de Calleras o la ermita de San Roque. Los matices los distribuye entre su bucólico y verde Ayuntamiento, el barrio de Cimadevilla, rematado del gris en los hórreos y la calle Mayor, además de tintes medievales y renacentistas. El pincel se cebó con la naturaleza, empapando el patrimonio artístico entre valles fértiles, bosques y montañas en las que disfrutar de la policromática naturaleza. Y es que el arte importa en Tineo. Sus museos son una prueba irrefutable de ello, como el de Arte Sacro, el del Oro o el de Antigüedades. Ellos junto al entorno completan una increíble villa que impresiona a todo aquel que se asoma a esta pintura paisajista asturiana. 

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