Tudela de Duero

Tudela de Duero

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Si habéis saboreado alguna vez los llamados espárragos de Tudela, habéis conocido entonces la esencia de Tudela del Duero. Cientos de años llevan los tudelanos produciéndolos y no hay quien se eche para atrás después de probarlos, igual que cientos de años, o más bien milenios, lleva el río Duero rodeando a la villa en forma de meandro e inspirando su nombre. Extensas praderas y verdes paisajes dan la bienvenida al llegar, espejo de todo ello, al Parque del Bosque, mientras el ajo de Portillo y los mantecados ponen el primer buen sabor de boca.
Su historia planta las raíces de su memoria en la Prehistoria, los vacceos, los romanos y la Edad Media. Sus propios monumentos parecen marcar los pasos del visitante, una escalera de arquitectura gótica, que empieza en los peldaños de casas nobles como la Casa de la Cruz o la Casa de los Escudos, sube a los pies de la hornacina de la Virgen de la Guía, se empina ante el arco de San Miguel, legado de la primera iglesia del municipio; para luego ascender hacia la ermita del Santo Cristo, la ermita del Humilladero de la Quinta Angustia y terminar por todo lo alto en la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. Festiva por naturaleza, Tudela de Valladolid cabalga a lomos de la diversión en la Feria de Exaltación del Espárrago y de la Artesanía, en la Feria de Artesanía y Ajo de Portillo, en las patronales Fiestas de la Asunción y de San Roque e, incluso, en los propios Carnavales.

Fue residencia de paso de varios reyes, como Fernando el Católico, Felipe el Hermoso, su esposa doña Juana y Carlos I, aunque especialmente de Juan II, quien la eligió como su lugar de descanso.

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