Zumarraga

Los nombres que visten un valle

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Desplegada en el interior de Euskadi, con el valle del Urola envolviéndola como una muralla natural, Zumarraga (Gipuzkoa) reposa tranquila. Sin embargo, esa tranquilidad no oculta que este pueblo ejerció un rol determinante en la historia y ese papel ha dejado sobre su suelo buenas muestras de patrimonio, relatos y monumentos con que sorprender al visitante. Quizás el más reputado sea el santuario de La Antigua. Situado en las estribaciones del monte Beloki, ha sido llamado la catedral de las ermitas. Y es que la combinación de la madera y la piedra de su interior lo convierten en un ejemplo único de arquitectura popular religiosa. Este santuario compite en belleza e importancia con el otro gran templo de la villa, la iglesia parroquial de Santa María de la Asunción, y es además el nexo de Zumarraga con la figura de San Ignacio de Loyola, puesto que la ermita forma parte de ‘La ruta de los tres templos’, junto al Santuario de Loyola y el de Aránzazu.

Pero hay más nombres propios en Zumarraga. Esta fue la cuna del conquistador de Filipinas, Miguel López de Legazpi, y ese hijo ilustre cuenta con su estatua en la plaza de Euskadi. No por casualidad es el rincón más emblemático del pueblo, cobijando el Ayuntamiento y unas hileras de edificios porticados que son casi todo un símbolo propio. En Zumarraga se conserva también la casa natal de López de Legazpi que fue, además, un palacio ligado a las medievales Guerras de Bandos en el País Vasco. Dicho conflicto acabó mutilando su parte superior, aunque hoy se puede visitar lo que quedó de él, restaurado y reconvertido en la Escuela de Música Secundino Esnaola. Él representa bien el alma de Zumarraga, pendiente siempre de actualizar su legado, mantenerlo vivo, para que pueda seguir contando historias en el futuro.

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