Faro de La Galea

Cuenta la historia que en este alto al borde de un acantilado hace tiempo se encendían grandes hogueras para señalar a los barcos que se acercaban a la entrada al puerto. No sólo eso, el enclave era también un lugar de vigilancia de ballenas, porque la presencia de estos mamíferos no era entonces extraña en las proximidades de la ría de Bilbao. Con un relato tan romántico detrás, y las imágenes que nos vienen a la cabeza al escucharlo, es imposible evitar la tentación de acercarse al Faro de La Galea, en Getxo, a intentar recrear esas intensas sensaciones. La primera torre que brilló aquí lo hizo en el siglo XVIII, alrededor de 1782. La que vemos ahora es mucho más reciente: se inauguró en 1950. Sin embargo, aunque ni siquiera ha alcanzado la edad de jubilación, este llamativo faro transmite igualmente viejo misterio. Atrapa nuestra mirada con su rústico cuerpo de mampostería, contrastado con el brillante faro que la corona y, sobre todo, gracias al contexto: esa ría que se abre enorme a sus pies, con las olas grises rompiendo furiosas contra los acantilados. Hoy no vemos ballenas; son los turistas y curiosos quienes se acercan en cambio hasta aquí. Y el Faro de La Galea, que tanto ha visto, se deja contemplar por ellos presumido y misterioso, guardando para sí sus mejores historias.

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